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Fata Morgana y los perros de mi vida
El breve tiempo de vida de los perros siempre contrasta con el infinito amor que nos brindan. Esta diferencia genera una descolocación parecida a la que se observa con el fenómeno conocido como Fata Morgana.
Por Fernando Cruz Publicado en Babel en 3 junio, 2021 0 Comentarios
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Fata Morgana y los perros de mi vida

Fernando Cruz Quintana

En recuerdo de mi Panchito y en celebración de Morgana.

Lejos, muy lejos en la distancia, justo hasta donde los ojos alcanzan a ver, la imagen de castillos alargados y flotantes se suspenden en el cielo sobre el mar. El famoso fenómeno conocido como Fata Morgana ocurre cuando la superficie del agua enfría el  aire que está por encima de ella y hace que se vuelva espeso y pesado. Visto desde la lejanía, este fenómeno térmico desfasa la realidad visual y parece crear vacíos inexplicables sobre el que se sostienen enormes y alargadas fortalezas, o en el que las embarcaciones navegan de manera desfasada a lo que nos tienen acostumbrados.

No tengo ninguna duda de que 2020 fue uno de los años más difíciles que nos ha tocado vivir. Creo que puedo hablar por la mayoría de la humanidad, pero también quiero decirlo desde la porción finita y pequeña que es mi vida: 2020 ha sido uno de los años más difíciles que me ha tocado vivir: el desempleo, el dinero cada vez más escaso y varios fantasmas del pasado volvieron para situarse en plena cuarentena. Para acabarla de amolar, como si fuera necesaria una conclusión trágica, en diciembre concluyó la vida de mi mejor amigo, mi perrito Panchito Riquelme (quien, por cierto, amaba el encierro en casa). Su partida fue desfasada: se fueron primero y lentamente sus fuerzas a lo largo del año, también la lucidez partió antes, en penúltimo lugar concluyeron sus signos vitales y al final desapareció su cuerpo.

Panchito se fue, pero nos dejó a quienes lo amamos la enseñanza de que 18 años de perrito son un parpadeo en el que se vislumbra la infinitud del amor. Que haya dejado de sufrir por las dolencias propias de la vejez es el consuelo que completa el círculo de la resignación. Es muy famosa la frase del comediante Will Rogers que hago mía ahora: “Si en el cielo no hay perros, entonces, cuando muera quiero ir a donde vayan ellos.” Esta confianza tonta del más allá se hace más bonita cuando imagino el reencuentro con mi mejor amigo, que en algún lugar de la no existencia debe estar flotando a la espera de volvernos a ver.

Hasta aquí Panchito. Tiempo y letras de sobra tendré para él, pero también escribo este texto para mi sobrina Morgana (perrita de mi hermano Julio y su novia Valeria) a quien me tocó cuidar este día. Dos cacas de enorme tamaño (mi amigo sólo hacía bolitas muy pequeñas) fueron el regalo matutino por ser un tío responsable, y salir a pasear fue el premio para olvidarnos de que ninguna suciedad puede más que la confianza y el afecto canino. ¡Morgana no tiene ni un año y ya creció dos o tres veces más que Panchito! Su metabolismo violento la ha hecho una gigante en su corta existencia. Parece ser que al inicio y al final de una vida el tiempo fluye de manera distinta y suscita estos desfases para los que estamos ya acostumbrados a la regularidad de los días.

Los orígenes de la expresión Fata Morgana pueden rastrearse hasta el Mito Artúrico. El rey Arturo fue un personaje destacado de la literatura europea en la primera mitad del primer milenio. Muchas historias se erigen en torno a él, en la mayoría de ellas, su media hermana Morgana es también su principal antagonista. Gracias a sus dotes de hechicera, Morgana es siempre descrita como una maga o un hada (fata) que le hace la vida imposible al rey Arturo.

Panchito y Morgana nunca se conocieron, pero estoy seguro de que hubieran sido grandes amigos. Tal vez no del viejo Pancho, pero sí del jovenzuelo que en sus días mozos corría, brincaba y se suspendía microsegundos en el aire, ahí bien cerquita del suelo. A veces no creo en las coincidencias, pero trato de encontrarle o de inventarle un sentido a lo que ocurre. Si Pancho concluyó en 2020, Morgana se inauguró en el 2021. He simbolizado chafa y clichésamente[i] este hecho: el ciclo de la vida nunca mejor expresado en este cambio de estafeta perruno. El amor canino se detuvo tan sólo los días que separaron la partida de un ser querido y la llegada de otro. Uno era blanco y la otra es negra; el primero fue pequeño y la segunda no parece contenerse.

Pero no sólo con la vida de estos perritos edifico símbolos: 2020 ha alfínmente[ii] concluido. Ya no más año caquita. El comienzo del 2021 representa la esperanza de la vida que sigue comenzando. Sin embargo, no olvido las 2 cacas que Morgana me ofrendó esta mañana; el nuevo año tendrá también mierda que limpiar y eso es inevitable. Así como el 2020 se mira a la distancia como un tiempo suspendido en la regularidad de los años, como un espejismo de la vida que no fue, la existencia de los perritos tiene también una lógica aparte: 20 años es una meta difícil de alcanzar para ellos y representa apenas un suspiro de alegría en tiempo humano.

El fenómeno Fata Morgana fue nombrado así en honor a la historia de Morgana, la media hermana del rey Arturo. El espejismo producido en el cielo pegado del mar es tan asombroso para las personas que lo han observado, que no pueden dejar de pensar en cuestiones místicas más allá de la lógica de fenómenos térmicos. Quién si no una de las hechiceras más famosas de la historia para bautizar a la magia de la naturaleza en su honor.

Panchito Riquelme (2002-2020)

Morgana (2020- Ojalá que sean muchos, muchos años)

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[i] Déjenme inaugurar este adverbio necesario.
[ii] Que a mi sintaxis perruna se le conceda también la creación de esta palabra.


2020 2021 espejismo Fata Morgana perros


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