Posted by on 23 Enero, 2017

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Trescientas palabras asombrosas 

«Calma» proviene del latín «cauma» y éste del griego «kaûma» que traduce ‘calor, bochorno’. Pasó a significar ‘tranquilizad’ porque durante el verano es normal la falta de viento en el mar.

Más que un diccionario de etimologías, 300 historias de palabras es un relato sobre la vida y muerte de la lengua.  

 

María Paula Laguna

Las palabras tienen formas misteriosas de nacer, cambiar y morir. ¿A quién se le ocurriría pensar que «broma» le debe su origen a un gusano? Suena extraño, pero si regresamos al principio, veremos que todo empezó con el griego «brôma» que traduce «teredo», es decir, molusco marino que come con avidez la madera de los barcos. Al taladrar las embarcaciones, lentamente éstas se llenan de agua y se vuelven pesadas, de allí la deriva semántica de ‘cosa pesada o molesta’, que luego —más o menos por el siglo XVIII— pasó a significar ‘burla, chanza’.

Ésta y otras etimologías hacen parte de 300 historias de palabras, un libro iniciativa de la Real Academia Española, redactado por el filólogo Fernando de la Orden bajo la supervisión de Juan Gil, miembro de la Academia. Como lo anuncia el título, su propósito es relatar de qué manera “nacen y llegan hasta nosotros las palabras que usamos”. Más que un diccionario elaborado con un criterio estricto, se trata de un compendio de curiosidades, de voces con una historia interesante detrás —además de ilustraciones, todas vienen acompañadas de fragmentos cortos de obras literarias donde alguna vez han aparecido—, que en algunos casos ilustran el necesario fenómeno evolutivo de la lengua.

Así sucede, por ejemplo, con «calma» y «amarillo», dos términos aparentemente inconexos que, sin embargo, demuestran cómo el tiempo puede transformar el significado original de las palabras hasta llevarlas a orillas opuestas. «Calma» proviene del latín «cauma» y éste del griego «kaûma» que traduce ‘calor, bochorno’. De aludir al aire caliente y muchas veces molesto, ¿cómo pasó luego a significar paz y tranquilidad? Por simple y llana asociación, pues durante el verano, la época de mayor sofoco del año, es normal la falta de viento en el mar, es decir, la quietud, la falta de actividad. Aún así, no deja de ser paradójico, apuntan los autores, que utilicemos “un calmante para soportar los terribles dolores de una quemadura”.

Del latín «amārus», o sea, ‘amargo’, «amarillo» en realidad se deriva de la enfermedad de la bilis, antes conocida como ‘humor amargo’.

La historia de «amarillo» va más o menos por el mismo camino. Normalmente asociamos este color con algo alegre o luminoso, pero si nos remitimos a su significado original encontraremos que se trata del tono de la muerte. Del latín «amārus», o sea, ‘amargo’, «amarillo» en realidad se deriva de la enfermedad de la bilis, antes conocida como ‘humor amargo’. De allí que hoy lo usemos como un adjetivo no sólo para referirnos a algo positivo, sino también para describir a una persona pálida, ‘amarillenta’, a causa de una dolencia.

Además de voces comunes y corrientes, 300 historias de palabras está lleno de términos en desuso, especialmente del castellano. La lista empieza con «fetén», para decir que algo está estupendo; sigue con «martingala», la astucia de ciertas personas para engañar a otras; y termina con «sopapo», un golpe que se da con la mano en la papada. De igual manera abundan los vocablos de origen mitológico («arpía», «medusa», «narcicismo»…), una decisión consciente del editor al declararse en el prólogo “amante de la antigüedad”. De hecho, más que una cuestión de espacio, las 300 palabras elegidas por Gil son un guiño a una batalla clásica, la de las Termópilas, donde 300 espartanos lucharon contra el imperio persa de Jerjes.

Como si la lengua se encontrara en una batalla permanente, tampoco faltan las palabras extranjeras que amenazan con “contaminar” el léxico. Préstamos del latín, el griego, el árabe, el francés, el vasco, el inglés, incluso del checo —como «obús», proyectil disparado por una pieza de artillería—, demuestran que el español también puede mimetizarse en otros idiomas. Por eso, más que una mirada purista que añora viejas épocas, se trata de entender que la lengua está en todo su derecho —¡al fin y al cabo es su naturaleza!— de evolucionar. No nos extrañe entonces hallar también historias de palabras hechas de conjeturas, pues el tiempo también es capaz de borrar cualquier rastro sobre su existencia.

Fernando de la Orden / Juan Gil

300 historias de palabras

España: Espasa, 2015

 

Comments

  1. LLBean coupon
    5 Julio, 2017

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    Sarah – Thanks for coming clean! Part of a good mom’s job is to worry … and then to let the kid do it if it’s not unreasonable. Sounds like you’re doing just that.

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