Posted by on 29 Enero, 2018

 

Jorge Drexler interpretó en la RAE “Que el soneto nos tome por sorpresa” durante la presentación del último tomo de la Nueva Gramática de la Lengua Española.

No es frecuente, aunque tampoco es anormal, que cuatro artistas se reúnan en la RAE para celebrar la grandeza de la lengua española.

 

Fernando Cruz Quintana

El 20 de diciembre de 2011 se presentó en la Real Academia Española el último volumen de la Nueva Gramática de la Lengua Española. Este tercer tomo está dedicado a la fonología y fonética de nuestro idioma; por tal motivo, aquel día la institución decidió hacer una especie de homenaje a los sonidos del español, e invitó a los actores José Luis Gómez, Marisa Paredes y Vladimir Cruz, y al músico Jorge Drexler, a que leyeran algunos poemas e interpretaran una canción durante el evento.

En el imaginario de la mayoría de los hispanohablantes, la RAE puede presentarse más como un sitio ideal que como un recinto real (estoy seguro de que la mayoría de nosotros, los que hablamos español, jamás hemos puesto un pie en ella). Supongo que nuestra construcción mental está directamente influenciada por los profesores que nos hacían entender que la norma de la correcta expresión, hablada y escrita, era dictada en este sitio. De este modo, en nuestra ideación la Real Academia es un sitio solemne y culto en donde la perfección y la corrección son la norma. Lo anterior puede inferirse con algunas actitudes que utilizamos para cerrar cualquier discusión lingüística: “Así dice en la RAE”.

Pese a su autoridad como el organismo que intenta regular lo caótico y complejo (como las múltiples diferencias de acentos, palabras y sentidos que existen en el español de todo el mundo, en el universo del español), la RAE debe ser consciente de que es realmente en el uso diario y no a través de un mandato como se transforma una lengua. Con esto no estoy afirmando la ineficacia de una institución vetusta, ni mucho menos estoy invitando a incendiarla; necesitamos que exista la RAE, pero al mismo tiempo ella necesita de nosotros, los hablantes del idioma, que permitimos que el español siga existiendo.

¿Por qué no reconocer que, a veces, la lengua es un fin en sí misma y no un medio?

Si bien la presentación de la Nueva Gramática de la Lengua Española estuvo rodeada del aire de solemnidad que suele acompañar a la publicación de un reglamento, las autoridades tuvieron el acierto de incluir la lectura de poesía y la interpretación de una canción ese día. Estos actos, banales en apariencia, pueden leerse como situaciones simbólicas que nos hacen recordar que si bien la lengua cuenta con cualidades funcionales, estas pueden suspenderse o acompañarse también de otras placenteras. ¿Por qué no reconocer que, a veces, la lengua es un fin en sí misma y no un medio?

El actor español José Luis Gómez dio lectura a uno de los poemas más famosos de la lengua española: “Amor constante más allá de la muerte” de Francisco Quevedo. Este hermoso soneto, escrito hace más de cuatrocientos años, podría resumir la esencia de la humanidad —¿y por qué no de una lengua?—: podré morir, desaparecer físicamente, pero algo de mí perdurará. Qué mejor vehículo para viajar por el tiempo que la palabra escrita. El poema de Quevedo leído aquel 20 de diciembre de 2011 reactivó la voz de un autor desaparecido hace cientos de años.

La actriz española Marisa Paredes prestó su voz para evocar al poeta nicaragüense Rubén Darío; el poema: “Lo fatal”. En esta pieza lírica, la preocupación de Darío muestra un sentimiento universal de inquietud ante lo desconocido. El milagro verbal ocurre cuando, por medio de palabras, somos testigos de las incógnitas sobre los enigmas de la vida (interrogantes que se hizo el poeta y que son también nuestras en los momentos en los que el lenguaje no es suficiente para responder lo que queremos saber). ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Qué hacemos en la Tierra? ¿Hacia dónde vamos? Preguntas existenciales todas que son planteadas de manera magistral en este brevísimo —pero enorme— texto.

El primer representante del español de América en el evento, el actor cubano Vladimir Cruz, tuvo el orgullo de dar lectura a dos poemas de su compatriota Nicolás Guillén: “Si tú supiera…” y “Mulata”. Con este último, la RAE no sólo homenajeó el particular estilo de Guillén, sino que reconoció la importancia de las antiguas colonias, ahora naciones independientes, en la conformación de la lengua española.

Finalmente, el turno del cantaautor uruguayo Jorge Drexler fue doble: él leyó “Arte poética” de Jorge Luis Borges, e interpretó “Que el soneto nos tome por sorpresa”, una canción de su autoría que aparece en la película Lope (inspirada en la vida del dramaturgo y poeta Lope de Vega). Dicho sea de paso, la construcción de la letra de esta pieza musical resulta en un verdadero soneto, con la métrica y estructura que este tipo de composición exige: dos cuartetos y dos tercetos de endecasílabos. Nada de esta adecuación desmerece en el sentido figurado que expresa la canción.

Todas estas participaciones artísticas podrán verse como más actos solemnes en medio de un lugar en donde la pose y el cultismo son acciones cotidianas.

Todas estas participaciones artísticas podrán verse como más actos solemnes en medio de un lugar en donde la pose y el cultismo son acciones cotidianas, sin embargo, a mí me gusta pensarlas como simples —y pequeñísimas— celebraciones de la belleza de un idioma. Al ver esto puedo olvidar por un momento la tarea normativa de la RAE, que, como he dicho, creo que es necesaria aunque imperfecta. Muchas preguntas me vienen a la cabeza cuando pienso en esta ambigüedad: ¿cuántos términos se habrán inaugurado en sus normas y cuántos se habrán extinguido por decreto?, ¿cuántas palabras nuevas jamás se habrán pronunciado ahí dentro?, ¿cómo acotar algo que se antoja más próximo al infinito que a cualquier medición?, ¿cuál es mi castigo por utilizar una sintaxis de niño y una ortografía equivocada?, ¿qué pena les corresponde a los que consciente o inconscientemente rompemos con el lenguaje?

 

 

 

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