Por favor, deje de leer

Por favor deje de leer

Hay libros que se resisten al abandono; hay algunos que nos encuentran tarde o temprano y que no podemos dejar.

Un lector menos obsesivo seguramente pensará: por favor, deje de leer.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

Por primera vez desde que leo, dejé un libro sin terminar. Para algunos es un suceso cotidiano: “No te gusta, no lo leas, por favor, deja de leer”; “los libros son más fáciles de dejar que las series de televisión”; “¿por qué te atormentas leyendo algo que no te gusta?”. Para otros dejar una obra sin revisar su última palabra significa una traición, una falta de ética, un pecado.

 

En realidad no se trata de hablar mal de libro sino de abandonarlo a tiempo.

El texto que no concluí es una crónica periodística; por razones del decoro, no puedo, ni quiero, revelar el autor o la obra: eso significaría caer en reduccionismos. No tengo nada contra ese género, me parece enriquecedor, informativo y que hace ver fácil lo difícil: el mundo que nos rodea. Sin embargo, por razones hasta ahora inexplicables, harto del lenguaje periodístico, en cambio, tomé lo opuesto: algo ficticio y ligero, para olvidar un poco, me dije. Por lo anterior, se me tildará como un lector superficial; probablemente lo sea. En realidad no se trata de hablar mal de libro sino de abandonarlo a tiempo.

La crónica que dejé sin concluir trajo una especie de crudeza, un sinsabor de aburrimiento similar, imagino yo, al que experimentó el autor al contarnos la miseria que vio. Después me dijeron que si sentí aquello fue porque la crónica consiguió su objetivo: compartir la desesperanza. Sin embargo, el sentimiento, no es el mismo.

Alguna vez escuché a un director de cine decir que si una película no lo conmovía entonces era mala.

Alguna vez escuché a un director de cine decir que si una película no lo conmovía entonces era mala. Sucede que lo que sentí no fue empatía con lo leído sino falta de convencimiento. No será este texto un análisis de por qué me desesperó ese libro, pero puede ser un llamado a la ética: no lea aquello que no lo convenza, no pierda el tiempo como yo. Piense en que todos tenemos poco tiempo para leer lo que nos gusta y si encima de eso encontramos, casualmente, algo que no nos gusta, entonces dejémoslo; esa tendría que ser la ética del lector.

La última defensa en estos juicios suele ser el remordimiento. Como si cometiera un crimen, un lector preocupado por estas cuestiones puede apelar a la culpa que se siente cuando el libro nos mira, desdeñoso, desde el librero, en ese lugar recóndito donde acordamos dejarlo para no verlo mañana o el día siguiente o tal vez nunca. Agazapados, más nosotros que la obra, podemos salir de ese estado si pensamos en que nos esperan otras maravillas, otros textos que, si somos rebeldes de ahora en adelante, nos depararán placeres mayores o remordimientos menores.

 

 

 




La librería Icaria de México: una experiencia a la venta

La librería Icaria de México: una experiencia a la venta 

unnamed-3La luz y la amplitud de este espacio permiten que se lleven a cabo presentaciones de libros, conferencias y lo más importante: apreciar con libertad los libros.

 La librería Icaria ofrece una contenido variado: desde novelas hasta cómics y poemarios; siempre abogando por la edición independiente. 

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

El acto de comprar de libros debería acercarnos no sólo con las historias de autores lejanos sino a personas que sientan, no es inexacta la palabra, la necesidad de ofrecer la literatura de una forma distinta.

Los negocios “humanísticos” tendrían que enfocarse en mantener, sobre todas las cosas, el contacto directo con el lector; sin esto estamos destinados a empresas como Amazon (no por capitalistas menos necesarias).

Soy de los que creen que un algoritmo puede ayudarme a elegir un libro hasta cierto punto. La otra mitad de esta tarea es del librero. Es ahí donde la literatura se mantiene, respira y se activa. La librería y cafetería Icaria, como su nombre lo indica, pretende ser una isla en un barrio (la colonia Narvarte) interesado desde siempre por la cultura.

El surgimiento de librerías como esta en nuestro país abre las puertas a las editoriales y lectores independientes 

El surgimiento de librerías como esta en nuestro país abre las puertas a las editoriales independientes y, me arriesgo a decirlo, a lectores independientes: aquellos que se dejan convencer por una persona que vive de los libros, que los siente todos los días porque su trabajo, pareciera, es estar en la sala de su casa.

Ubicada en la calle Pitágoras, número 446, este negocio ofrece lo mínimo que un cliente literario puede pedir, y que desafortunadamente casi nunca obtiene: la presencia de un librero que se interesa por el otro, que se pone en su lugar, un buen café, té, música siempre atenta a gustos exigentes.

Por si fuera poco, en la parte superior, una escuela de escritores remata el edificio. En unnamedella se ofrecen cursos sobre ciencia ficción, literatura fantástica, cuento y no son pocos los alumnos que han presentado sus textos en la parte de abajo. Autores como Ricardo Bernal y Pablo Soler Frost son profesores de este lugar.

Como todo proyecto cultural, la paciencia y el aprendizaje son la constante de Icaria. La amable presencia de Itzia Pintado invita al comprador a un lugar al que no haría falta mucha publicidad para entrar.

Formada como librera, no se puede entender Icaria sin su librera principal: gestiona, enfrenta números y se da el tiempo para ofrecer un excelente té chai. Ella es, siempre,
cómplice de sus clientes: se acerca a ellos, se interesa, los guía y es el enlace entre un escritor y su público. Esto se parece mucho a la idea del librero antiguo.

 En la librería Icaria conviven tanto autores de cómics de 19 años como profesoras octogenarias de literatura medieval

Entrar a Icaria es estar en un pasillo donde lo que predomina es la independencia: editoriales, suvenires, sillones antiguos conviven lo mismo con un cómic de chicos de 19 años que con las enseñanzas medievales de una profesora universitaria.

Los socios de Icaria hicieron lo que pocos: una lugar donde lo que importe es el gusto de los dueños que, curiosamente, es el gusto de miles de personas. La deuda que ellos dicen tener con los libros es la misma que algunos sienten cuando salen de este sitio.

Uno no puede más que regresar. A pesar de que a Itzia parecerle no agradarle la idea de las librerías de barrio (un concepto muy presente en España), sí comulga con la idea de un negocio literario vinculado con una comunidad.

Si bien no podemos decir que Amazon deba cuidarse (ahora veo con tristeza que el gigante de las ventas quiere prescindir de empleados que vendan sus libros), tampoco podemos despreciar esta otra cara: la amable, la que importa, a la que tú le importas. Agradezcamos a librería Icaria no sólo por su existencia sino por hacer tangible algo que muchos lectores imaginamos desde hace tiempo.

978607966366El librero recomienda

La tentación de las armas de fuego de Patrick Deville (2016, México: Vanilla Planifolia), en palabras de Itzia, de Icaria, es una obra que se destaca por su estilo y por la vinculación con el amor y cómo éste subsiste a través de los años para encontrar
paralelismos en la historia del hombre. La relación entre el sentimiento amoroso y la resistencia a su fin, son los ejes por los que nos envuelve la obra.