Felipe Guamán Poma de Ayala y su cosmogonía mestiza (segunda parte)

 

 

La obra de Felipe Guamán Poma refleja la asimilación de la cultura española por parte de los incas.

¿Pueden Jesucristo y Manco Cápac formar parte de una misma cosmogonía? Felipe Guamán Poma se encargó de realizar una fusión entre dos pensamientos religiosos diferentes.

 

Fernando Cruz Quintana

Siempre he pensado que más que tener una lengua madre, es más bien ésta la que me tiene a mí: puedo decir que la poseo gracias a los vocablos que de ella tomo prestados, y me hago una imagen del mundo a partir de las cosas que puedo pensar y nombrar —también con sus palabras—. En ocasiones, las circunstancias hacen que algunas personas aprendan más de un idioma desde la infancia. ¿Cómo sería mi vida si yo estuviera supeditado a dos o más sistemas expresivos?

Probablemente un problema (o una fortuna) como el anterior tuvo que vivir Felipe Guamán Poma, aunque su manera de afrontarlo constituyó uno de los más hermosos y contundentes ejemplos de lo que significó tener una formación en dos culturas. Aunque este cronista es quechua puro, su herencia inca y su aprendizaje españolizado lo convirtieron en un mestizo de pensamiento. Como relaté en la primera entrega de este texto, la trasmisión de la cultura inca se dio en el seno materno, y probablemente su culturización occidental se deba a las doctrinas españolas en el Perú.

Indígena bilingüe por su pasado y formación occidental, Felipe Guamán Poma podía hablar el quechua y el español a la perfección. La utilización de estos dos sistemas tan distintos y a veces incompatibles —como cualquier relación entre lenguas—, probablemente dibujó dos mundos radicalmente diferentes que lejos de superponerse por completo, comenzaron a resonar uno con otro en un vaivén de sentidos. Si el idioma que le heredó su ascendencia lo arraigaba al pasado y al esplendor de la cultura inca, su aprendizaje de la lengua española lo apuntalaban hacia la modernidad y la idea de futuro que poco a poco imponían los conquistadores.

La historia de Guamán Poma se destaca porque él construyó en español una verdadera cosmogonía mestiza que incorporaba elementos católicos e incas como parte de una sola verdad.

Estoy convencido de que en cada periodo de conquista siempre existe un legado —por mínimo que sea— de los vencidos que reverbera como un eco en la cultura dominante. No obstante, ¿cuántas tradiciones y cuántos conocimientos prehispánicos no habrán corrido con esta suerte? A tantos años de distancia, ¿qué saberes y expresiones milenarios mantendremos ocultos en nuestras culturas actuales?

Si la historia de Guamán Poma ha de destacarse, no es precisamente por su habilidad para expresarse en dos idiomas, sino porque él construyó en español una verdadera cosmogonía mestiza que incorporaba elementos católicos e incas como parte de una sola verdad. ¿Pueden Jesucristo y el “Inga Manco Cápac”[i] ser hijos de un mismo dios? En El Primer nueva coronica y buen gobierno, a través de la palabra y una serie de dibujos elaborados por él mismo, se hermanan dos pensamientos religiosos distintos y se crea una nueva visión fusionada del origen de la vida.

Probablemente esta obra fue escrita y dibujada en los primeros quince años del siglo XVIII. Como se puede apreciar en su primera parte, tenía como destinatario al rey Felipe III de España, a quien están dedicadas las primeras páginas y en donde se expresa el sentir de los pueblos incas tras la conquista. Pero no es esto lo que quiero destacar en este relato, sino algunos de los apartados posteriores en donde se ejemplifica la manera en que Guamán Poma interpretó mitos bíblicos desde una perspectiva incaica.

En una de sus primeras explicaciones, a la que Guamán Poma intitula, “El primer mundo. Adan y Eva”, se puede observar la anécdota de los pobladores del paraíso de un modo muy particular. Adán parece cultivar la tierra por medio de la utilización de una coa, una herramienta de trabajo de tiempos prehispánicos. Este mismo personaje y Eva, utilizan pieles para cubrir su desnudez. Los relatos bíblicos continúan y muestran las historias de Noé, Abraham o Jesucristo. Después de expresar estos momentos cumbres de la cosmología cristiana se puede apreciar un giro drástico y un intento por recrear la mitología inca como perteneciente a un mismo universo de realidad.

«El primer mundo. Adan y Eva» (Ilustración de Felipe Guamán Poma)

Uno de los primeros elementos incas se titula “Primer de generación indios/Vari Vira Cocha Runa”. Este relato es casi un equivalente de Adán y Eva en la cosmogonía inca: también de los personajes que aquí aparecen, se cree que descienden el resto de los seres humanos. Las semejanzas entre el dibujo de ambas anécdotas religiosas se advierten a simple vista: tanto Adán como Vari Vira Cocha Runa utilizan la coa y visten pieles animales. También, Eva y Warmi, mujeres de ambas narraciones, se encuentran postradas en el suelo realizando actividades distintas a las del cultivo de la tierra. Y si las evidencias visuales no fueran suficientes para establecer paralelismos, Guamán Poma añade que estos indios de primera generación estuvieron presentes en el Arca de Noé.[ii]

«Primer de generación indios/Vari Vira Cocha Runa» (Ilustración de Felipe Guamán Poma)

Estas adecuaciones o interpretaciones están elaboradas con sutileza y convicción: el documento es importantísimo como un vestigio artístico de los primeros años de vida colonial, pero al mismo tiempo es el registro de un pensamiento a medio paso entre la tradición y la modernidad.

Más ejemplos como este se presentan en El Primer nueva coronica y buen gobierno pero no pretendo ahondar en ellos; mi aproximación al tema es apenas la de un aficionado de los relatos maravillosos, por lo que considero que este texto funciona sólo a nivel introductorio de un tema por demás complejo y sobre el que me gustaría conocer más.[iii] De todo lo que he dicho hasta aquí quisiera quedarme con esa asombrosa capacidad que Felipe Guamán Poma tuvo para poder traducir al español una cosmogonía mestiza proveniente de dos sistemas pensamientos culturales completamente diferentes.

_________________________________

Notas.

[i] Junto con Mama Ocllo, Manco Cápac fue uno de los primeros pobladores de la Tierra de acuerdo con la mitología inca.

[ii] Jaime Labastida (2013). «Lengua y mundo en la obra de Phelipe Guamán Poma de Ayala» en El universo del español. (2014). México: Academia Mexicana de la Lengua. p. 143.

[iii] Para una revisión a profundidad sobre este tema es importante revisar el trabajo de Jaime Labastida aquí referido y la edición crítica de El primer nueva corónica y buen gobierno, de John V. Murra y Rolena Adorno, con traducciones del quechua de Jorge L. Urioste (1980). México: Siglo XXI.




Felipe Guamán Poma de Ayala y su cosmogonía mestiza (primera parte)

 

«Atahualpa Inga está en la ciudad de Cajamarca en su trono. Usno» Ilustración Felipe Guamán  Poma en su obra El Primer nueva coronica y buen gobierno.

Felipe Guamán Poma, un quechua puro occidentalizado, legó una de las obras más asombrosas que dan cuenta de la relación entre los colonos españoles y los nativos americanos.

 

Fernando Cruz Quintana 

El problema identitario de los pueblos americanos conquistados por los españoles ha quedado plasmado en la producción literaria hecha en América: desde las crónicas de Indias hasta ensayos modernos como El espejo enterrado (Carlos Fuentes, 1992) se ha puesto en contraste la diferencia y el alejamiento existente entre las dos culturas. En medio de estas obras que son extremos temporales, existe un centenar de ejemplos que, de una u otra manera, ponen en tensión la idea del choque y la hibridación cultural.

En ocasiones, los relatos de la conquista suelen estar escritos desde la perspectiva de los vencedores pues la mayor victoria consiste precisamente en la imposición de una nueva cosmogonía a los derrotados. Existen también narraciones desde el punto de vista de los vencidos,[i] que intentan perpetuar a la cultura sometida. Sin embargo, pocas veces se han visto ejemplos en donde las historias que rememoran un pasado consigan ser entendidas como un punto intermedio que traza un puente entre opresores y oprimidos. Podríamos entender la obra del cronista inca Felipe Guamán Poma de Ayala de este modo: él narró en español y en quechua una visión del mundo en la que ideas del catolicismo y la cultura incaica coexistían sin problema.

Este relato será entregado en dos partes. Esta primera tratará sobre la formación de Felipe Guamán Poma en la cultura incaica y la segunda sobre su aprendizaje del español y la creación de una cosmología mestiza

 

Los relatos incas en el seno familiar

Felipe Guamán (halcón) Poma (puma) de Ayala (1534-1615) fue un cronista de indias, descendente de la más alta nobleza incaica: su madre, Cucsi Ocllo (también conocida como Juana Chuquitanta) fue hija del soberano Tupac Yupanqui y nieta del también gobernante Pachacútec.

Felipe Guamán Poma, quien nació al poco tiempo de que los españoles establecieran contacto con los incas, probablemente debatió su identidad entre el sentimiento de ser parte de un pasado de privilegio y un futuro de cambio frente a una nueva visión del mundo.

Como ha ocurrido en el caso de las madres en muchas sociedades milenarias, Juana Chuquitanta jugaría un papel fundamental en la formación de sus hijos, específicamente en lo que concierne a la transmisión de la cultura incaica. Ella era conocida por el modo excepcional en que contaba las historias de su pueblo. Ante la ausencia de otros métodos más prácticos para perpetuar el pasado, la palabra oral se convertía en el mejor vehículo y almacén de los saberes milenarios. Poco pudo haber previsto Juana Chuquitanta que aquellas narraciones infantiles habrían de contribuir en algo a la creación de El Primer nueva coronica y buen gobierno, uno de los documentos escritos e ilustrados más extraordinarios en donde, al mismo tiempo que se realiza una crítica al dominio colonial español, se ofrece una cosmogonía mestiza del Perú.

En el seno familiar, Felipe Guamán Poma aprendió —en idioma quechua— sobre el pasado de la clase gobernante de su pueblo (que al mismo tiempo era también el de su propia familia): las historias de la grandeza de las dinastías Hurín Cuzco y Hanan Cuzco, se completaban con los relatos de su abuelo Tupac Yupanqui.[ii] De este modo Felipe Guamán Poma, quien nació al poco tiempo de que los españoles establecieran contacto con los incas, probablemente debatió su identidad entre el sentimiento de ser parte de un pasado de privilegio y un futuro de cambio frente a una nueva visión del mundo.

Juana Chuquitanta era conocida por el modo excepcional en que contaba las historias de su pueblo.

Los relatos de Juana Chuquitanta no se restringían al ámbito de lo mundano: también abarcaron la mitología incaica y la idea del universo que expresaba. Guamán Poma aprendió —como cualquier inca de la época— que la creación ocurrió gracias la intervención de un dios creador llamado Viracocha. Aunada a esta narración, Juana se preocupaba por trasmitir con pasión historias de las deidades incaicas. Francisco Moreno Fernández recrea uno de estos relatos:

[…] la Yacana, que solía caminar con su largo cuello por la Vía Láctea, bajó del cielo para beber agua y gobernar a las rumiantes llamas. Dicen que la Yacana cayó sobre un hombre, que quedó cubierto con su lana y, con la ganancia, compró una llama macho y otra hembra de las que formó un rebaño de tres mil cabezas. Contaba Juana que la Yacana bajaba a beber agua del mar porque, si no lo hiciera, todo el mundo quedaría inundado.[iii]

Anécdotas míticas como la anterior debieron haber sido el primer nivel de aprendizaje de la vida por parte de Guamán Poma, un tipo de conocimiento mítico quechua que nunca se iría de su vida y que en cambio se fusionaría más adelante con la cosmovisión occidental.

Aunque Juana Chuquitanta vivió en tiempos en que los españoles tuvieron contacto con los incas, ella no fue partícipe de aquel encuentro, sin embargo, su descendencia sí vivió durante el tiempo de la conquista . Vista desde este horizonte temporal, en el que Perú constituye una nación mestiza, Juana Chuquitanta resulta en una madre simbólica cuyos hijos, indígenas (pero mestizos por aculturación), dejaron un importante legado en el que las culturas inca y española lejos de repelerse, se imbricaron y encontraron correspondencias asombrosas.

___________________________________

Notas.

[i] Véase, Miguel León Portilla (1959). La visión de los vencidos. México: UNAM.

[ii] Francisco Moreno Fernández (2015). La maravillosa historia del español. México: Editorial Planeta Mexicana/ Espasa libros/ Instituto Cervantes. p. 137.

[iii] Idem.