The arrival o la lingüística alienígena

La doctora Louise Banks analiza la escritura ideográfica de los heptápodos en la cinta The arrival.

The arrival, cinta estadounidense que explora el tema de la comunicación entre extraterrestres y seres humanos, obtuvo ocho nominaciones a los premios Oscar en 2017, incluyendo el de mejor película. 

ESTE TEXTO CONTIENE MÍNIMOS SPOILERS 

 

Fernando Cruz Quintana

Difícilmente la lingüística podría ser un tema en una historia de ciencia ficción. Menos probable es que lo sea en un relato cinematográfico sobre alienígenas. El filme The arrival (Denis Villeneuve, 2016), es la excepción. De las obras que han aparecido en nuestra “Estantería”, esta es la primera película que reseñamos en Lengua Viva

La trama de The arrival gira en torno a la doctora Louise Banks, experta en lingüística y en el tema de las traducciones, sobre quien recaerá la responsabilidad de dirigir un equipo para comunicara los seres humanos con los heptápodos.

The arrival es una cinta adaptada de la novela corta Story of Your Life (Ted Chiang, 1998) y cuenta la historia de una invasión extraterrestre a la Tierra y del intento de los seres humanos por comprender los motivos de aquella incursión planetaria. Un justo medio entre el apego a las convenciones y la transgresión conduce la narrativa de la película. Aunque a lo largo de la trama se observe en la humanidad una tensa calma por no conocer los intereses de los alienígenas, poco a poco se descarta esta opción; una de las contravenciones más hermosas del filme es precisamente que no hay un enfrentamiento violento entre terrícolas y los viajeros de otro planeta que nos visitan (nombrados “heptápodos” por su anatomía de siete extremidades).

La trama de The arrival gira en torno a la doctora Louise Banks, experta en lingüística y en el tema de las traducciones, sobre quien recaerá la responsabilidad de dirigir un equipo para comunicar a los seres humanos con los heptápodos. ¡Qué tarea tan difícil la de intentar comprender lo que un ser completamente ajeno a mí quiere decir! Si esto nos ocurre con algún extranjero, tenemos el alivio de que al menos con algunas señas corporales —erróneamente llamadas “universales”, como bien nos enseña el filme— podemos establecer un mínimo de entendimiento.

Después de muchos meses de reuniones entre humanos y heptápodos, en los que las comunicaciones visuales de ambas razas rinden algunos frutos en pos de la comprensión, Louise Banks y su equipo comienzan a entender algunas expresiones. En este punto se produce uno de los eventos fundamentales en la trama: al tiempo que la doctora Banks descifra el código de la lengua alienígena entre “balbuceos” de imágenes, aprende con ello una manera muy particular de comprender la realidad.

La premisa de la película está basada en la filosofía del lenguaje y en la llamada “hipótesis Sapir-Whorf”, que, a grandes rasgos, menciona que la manera en que un hablante concibe la realidad y genera su pensamiento está determinada por la estructura gramatical y sintáctica de su lengua. Esta hipótesis es válida no sólo en la película: nuestra cosmovisión depende en gran medida del idioma que hablamos. Por ejemplo, pensemos en la distinción que en español hacemos entre “usted” y “tú”, y reconozcamos que algunas lenguas sólo tienen una palabra para referir a la segunda persona gramatical. ¿Qué diferencia habría si no tuviéramos ese término formal para dirigirnos a alguien? ¿Seríamos más iguales si no hubiera esta diferencia en nuestras menciones personales?

La premisa de la película está basada en la filosofía del lenguaje y en la llamada “hipótesis Sapir-Whorf”, que, a grandes rasgos, menciona que la manera en que un hablante concibe la realidad y genera su pensamiento está determinada por la estructura gramatical y sintáctica de su lengua.

Siempre he pensado que el mundo es tan grande como las lenguas que existen para conceptualizarlo y designarlo. Que existan palabras intraducibles es un indicativo del poder que tiene un idioma en la construcción de la realidad. En The arrival, la protagonista experimenta la transformación de su propia realidad por el aprendizaje de una nueva forma de expresión extraterrestre.

Algo que hace aún más interesante esta historia es que el habla de los heptápodos permite una concepción del tiempo completamente distinta de la que tenemos los humanos. Conforme avanza en la comprensión de la lengua extraterrestre, Louise Banks comenzará a evocar no sólo sus recuerdos, sino también momentos precognitivos de su futuro. En este punto otro tipo de preguntas filosóficas pueden surgir en los espectadores: ¿cómo viviríamos teniendo plena conciencia de nuestro futuro?, ¿cambiaría eso nuestra actitud para siempre tener una resignación determinista?, ¿sería esto un impulso para modificar nuestro presente en espera de alterar positivamente el porvenir? Algunas de estas inquietudes son también las de la protagonista del filme.

Decir que The arrival es solamente un filme de contenido lingüístico sería injusto. En la obra podría verse también el tema antropológico del choque de dos culturas o un giro en la ciencia ficción en el que una invasión alienígena no es sinónimo de conflicto interplanetario. Las múltiples lecturas son indicativas de una cinta que sabe ser transgresora en la moderación: con unos pasos en lo tradicional y otros en la ruptura de los códigos, The arrival se afianza como una de las películas más atípicas sobre extraterrestres.

 

The arrival

Dir. Denis Villeneuve

Estados Unidos, 2016, Paramount Pictures




¿La discriminación por el idioma?

 

¿La discriminación por el idioma?

27027894530_e5ac3e9caa_zEl séptimo arte es probablemente el espectáculo más importante en nuestros días.

El lenguaje para la exhibición de las películas importadas depende de las decisiones, a veces legales, a veces populares, de cada país.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

En la historia de los hombres en general, y en la de los idiomas en particular, nunca ha estado exenta la imposición. En entradas anteriores, este proyecto atestiguó un texto sobre las condiciones de la defensa de una lengua. Para nadie es un secreto que los españoles intentaron, por ejemplo (luego por suerte no fue posible), eliminar muchas de las palabras que habían heredado de las invasiones musulmanas. En otros países, lo mismo sucedió con aquellas de origen anglosajón, por ejemplo. Un tercer caso es la campaña de la Academia Española para evitar el uso de anglicismos. Lo anterior sólo puede mostrar los intentos de un pueblo por evitar la subyugación cultural. Más allá de la conquista territorial, el dominio lingüístico ha sido evitado por siglos. Un tema paralelo a esto es la influencia y retroalimentación entre dos culturas.

En México, con todo lo que la influencia de la cultura de Estados Unidos significa, una parte de las películas (las infantiles) importadas en lengua inglesa deben ser dobladas, por ley, al español.

Este punto de reflexión no es algo nuevo ni difícil de localizar en nuestros días. Tampoco lo es que ciertas culturas se consideran superiores y el idioma esté implícito en ello. Hace poco sucedió el reverso. Si se considera que en España los idiomas ajenos al país se miran lejanos, es una norma para la gente que las películas no se encuentren en su idioma original, sino dobladas al español. Esta práctica surge del franquismo: aquel gobierno revisaba el material cinematográfico y censuraba aquellas partes consideradas “peligrosas” para efecto de sus propios criterios. Doblar una película era una manera segura de controlar contenidos. A partir de ello se desarrollaron escuelas de doblaje y traducción que se cuentan como las más importantes de habla hispana.

En México, con todo lo que la influencia de la cultura de Estados Unidos significa, una parte de las películas (las infantiles) importadas en lengua inglesa deben ser dobladas, por ley, al español. No estoy ni estaré en contra de eso, significa empleo para mucha gente sin contar a los actores que prestan sus voces además de que, si el doblaje es de calidad, ayuda a entender aspectos para que, por ejemplo, el niño que la observa, se acerque lúdicamente y ayudar en su desarrollo cognitivo.

Además de estos datos, se debe tener claro que los precios del cine varían dependiendo de la zona, esto no sorprende tampoco, más allá de que las salas resulten iguales. Esto es: en ciertas zonas de la ciudad o del país la gente puede pagar un boleto de, digamos, 10 dólares mientras que en otras zonas no es posible. Tiene que ver con demandas y, asumo, estudios socieconómicos. Esto no debería sorprender a nadie, el mercado lo exige y nadie está exento de ello: si el deseo de alguien es ver la misma película en dos zonas distintas debe pagar la diferencia de ubicarse en un lugar u otro. Sin embargo, desde el punto de vista de la lengua, no es la misma película pues el que decidiera apreciar la obra en su idioma original no perdería algunos giros, bromas, guiños del director o actor para los espectadores, sin que eso represente un gran problema en la mayoría de los casos. Sin embargo, revisando la cartelera, uno se encuentra con que las películas que ofrecen las dos cadenas de cines más importantes del país (CINEMEX y CINÉPOLIS) en ciertas zonas de la ciudad (las más caras) se ofrecen en su idioma original mientras que en una zona “menos favorecida” (generalmente de la periferias de las granes ciudades), se ofrecen dobladas al español. Aquí es donde radica la verdadera eliminación del idioma: ninguno de los títulos ofrecidos se encuentra en su idioma original, absolutamente todos doblados al español. Por supuesto, y desconozco si así fuera, la ley no contempla, hasta donde sé, que todas las películas en un complejo de cines tengan que estar dobladas.

La presunción es que una empresa otorga un producto diferente porque la gente es diferente, con todo lo que eso significa.

El ejemplo anterior demuestra la omisión de una o varias lenguas: las cadenas asumen que las personas que viven en las zonas llamémosle baratas, son incapaces de entender el inglés u otra lengua; peor aún, que no pueden leer con rapidez los subtítulos que se presentan ante ellos. La excepción, no está de más decirlo, son las películas infantiles. Entonces, pueden asumirse instantáneamente dos cosas: que las cadenas de cine tratan a todos como niños o que las cadenas de cine tratan a todos como neófitos. Cualquiera de las dos es un acto de discriminación. Al no conformarme con estas conclusiones, llamé a ambas empresas: en ninguna me dieron una respuesta diferente a “existen zonas donde la gente no consume películas en su idioma original y no vería películas que no puede leer, finalmente va al cine a divertirse”. Más allá de que desde el punto de vista de negocios es una respuesta tan válida como cualquier otra, lo revelador de esto es que una empresa que lucra con los idiomas esté tan poco preocupada por ellos considerando que esto no siempre fue así: hasta hace no mucho, en las mismas salas, se colocaba una película en su idioma original al menos por poco tiempo en cualquier zona de la ciudad. Eso ha desaparecido y traído la resignación de personas que además de divertirse desean obtener algo más del cine, si es que eso puede darse. Esa búsqueda aleja clientes, asunto que a las cadenas tiene sin cuidado porque el gran consumo en esa ciudad, de ese barrio, de ese centro comercial, está condicionado porque la gente no tiene la capacidad de leer ni reflexionar en otro idioma y, peor aún, no se le ofrece la posibilidad de hacerlo. Es como si los gobiernos no proveyeran de bibliotecas en los pueblos pues asumen que a la gente no va a importarle un libro porque no sabe leer.

La presunción es que una empresa otorga un producto diferente porque la gente es diferente, con todo lo que eso significa. Si cualquier lector, en ciertas zonas de la Ciudad de México, quiere ver una película inglesa doblada al español es normal; en cambio si una persona elige la misma película en su idioma original, a veces no podría porque un idioma es impuesto y una parte de la población es asumida como inferior.