Posted by on 17 Septiembre, 2019

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Entre 1482 y 1486, Sandro Boticelli pintó su obra El nacimiento de Venus.

Aunque algunas culturas se encuentren distantes en el tiempo, a veces su legado permanece subrepticiamente entre las cosas más cotidianas. El nombre de los días de la semana que utilizamos actualmente es muestra de los anterior.

Ivonne Pánico Bressant

En la actualidad la forma del español ha sufrido un gran sincretismo cultural: a lo largo de su construcción se adoptaron vocablos de múltiples culturas y sus formas fueron evolucionando a través de los siglos en las diferentes regiones de la Península Ibérica en donde se hablaba. Aunque existe un débito importante con el árabe, el latín vulgar de Roma fue el que sentó las bases de cómo se hablaría el español, pues las variedades latinas en la zona central de Hispania fueron las que dieron origen a esta lengua.

Al utilizar palabras tan cotidianas como las que nombran a los días de la semana, revivimos las creencias de antiguas civilizaciones. Sin darnos cuenta, nos expresamos con indicios manifiestos de creencias religiosas politeístas antiguas y del cristianismo implantado durante el imperio romano alrededor del año 380 d.C.

La denominación de los días de la semana, tal y como es empleada en la actualidad, se formó como culto a los siete astros que los antiguos romanos podían observar en el cielo y que representaban a sus dioses. Con excepción del fin de semana, en donde el judeocristianismo logró desplazar a los dioses de la cultura romana.

En latín, el “dies Lunae era el día consagrado a Luna, la segunda divinidad más grande después del Sol, este vocablo evolucionó como “dilluns”, y después en español “lunes”. El martes, se decía “dies Martis” de Marte, el planeta rojo, el color de la sangre, y del dios de la guerra que llevaba el mismo nombre. El miércoles era nombrado como “dies Mercuri” en honor a Mercurio que, principalmente era adorado como dios del comercio y al cual se le denominó de esa manera por el vocablo latino merx que significa mercancía. Por su parte, el jueves, entonces nombrado como “dies Iovis”, estaba dedicado a Júpiter: el dios supremo de la mitología romana, dios de la luz, de las nubes, de la lluvia y de los cielos, caracterizado por utilizar el rayo como arma. El viernes, “dies veneris, era el día del amor en alusión a la diosa Venus.

El sábado y el domingo, hasta antes de que llegaran las influencias judeocristianas a Roma, fueron nombrados como “dies Saturni” en honor a Saturno, dios de la agricultura y de la cosecha, y “dies Solis” por ser el día del Sol, respectivamente; estas raíces se quedaron en inglés, por ello se nombran como “saturday” y “sunday” al sexto y séptimo día de la semana. Sin embargo, cuando se instauró el judeocristianismo en Roma concluyó esta concepción del culto a los dioses romanos y los últimos días de la semana se consideraron sagrados.

Para el sábado, primero se tomó el vocablo hebreo “shabat, derivado del verbo “shâbath” que significa “cesar”, y después en su forma latina “sabbătum”, como “día de reposo”. Esto es así ya que para los judíos, de acuerdo con el Génesis bíblico, el séptimo día de la semana corresponde a aquel en el que Dios descansó después de crear el mundo. El domingo se formó de la concepción cristiana de la palabra “dominica”,que significa “día del señor, cuando Jesús resucitó.

Durante la desaparición de la religión politeísta y la implantación del cristianismo, en el imperio romano coexistieron diferentes creencias religiosas, de modo que para los cristianos y los judíos el sábado era el séptimo día de la semana, de reposo y día del Señor, mientras que los adoradores de antiguos dioses romanos guardaban el domingo como jornada dedicada al culto al sol.

Esto dio lugar a que el emperador Constantino I, al tratar de unir ambas creencias y con el fin de evitar más luchas internas, decretara la tolerancia religiosa en el año 321 d. C. En el decreto señaló que el día de reposo sería el “venerable día del sol” y que ese día las siembras recibirían “el beneficio concedido por la celestial providencia”, disposición con la que se dejaba entrever la permanencia de convicción antigua del emperador. Es posible que, debido a dicha libertad de creencia, los hablantes anglosajones conservaran las palabras con su sentido religioso antiguo: “saturday y “sunday”.

En diferentes lenguas, los días de la semana se nombran de manera distinta, sin embargo, sus orígenes son muy similares: recordando que la palabra semana viene del latín “septimana, que significa “siete días”, resultó que de manera lógica se nombrara a cada día de acuerdo al lugar que ocupa dentro de la misma, como en el  caso del portugués, en donde los días se denominan “segunda-feira”, “terca-feira”, “quarta-feira”, “quinta-feira”, y “sexta-feira”, conservando el significado religioso para “sábado” y “domingo”. 

Es probable que al ponernos a pensar en el origen del nombre de los días de la semana con la influencia romana y judeocristiana como pilares fundamentales de la cultura occidental nos preguntemos por qué en inglés parecen no coincidir algunos nombres con los de las deidades romanas. En dicho idioma “monday” coincide con “luna” o “moon”. Sin embargo, los demás días se sustituyen por nombres de dioses germánicos, que, a su vez, tienen raíces nórdicas: así, el martes, denominado “tuesday, alude al dios Tiw, que al igual que Marte era el dios de la guerra; “wednesdayen honor a Woden, el dios jefe;  “thursday por Thor, el dios de los relámpagos;  y para el      viernes, “friday” de Freya, la diosa del amor y de la fertilidad.

Con todo esto, no podemos negar el profundo sentido religioso que contienen los nombres de los días de la semana y con ello, la evocación que hasta nuestros días hacemos de elementos religiosos antiguos tales como la luna, la guerra, el sol o el amor sin importar el idioma que pronunciamos.

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