Posted by on 5 Junio, 2018

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Aunque el kichwa no es la lengua oficial de Ecuador, hay expresiones y estructuras que están profundamente arraigadas en el habla cotidiana.

Una periodista y ceramista ecuatoriana cuenta cómo ha sido su proceso de aprendizaje del kichwa y por qué esta experiencia le ha servido para volver a sus raíces y entender la visión de los indígenas de su país.

 

Pamela Guachamín 

“¿Por qué aprendes kichwa?” Me preguntan algunas personas cuando en conversaciones les cuento que tomo un curso de una de las 14 lenguas ancestrales que aún se hablan en Ecuador. Hay varias razones detrás de esta decisión. El kichwa ecuatoriano es una variante del quechua, una de las lenguas indígenas más difundidas en Sudamérica (desde el sur de Colombia, pasando por Ecuador, Perú y Bolivia, hasta llegar al norte de Argentina). El de Ecuador es una variante porque no existen las vocales “e” y “o”; por esa razón el término adecuado es kichwa y no quechua como en otros países de la región.[i]

Cada proceso de aprendizaje de una lengua es distinto e intervienen varios factores. Recuerdo que una de las motivaciones para el primer curso que realicé hace ocho años fue estar activa académicamente y romper la rutina laboral. Por eso me pareció buena idea aprender otro idioma, no necesariamente extranjero pero sí muy distinto al español.

Después de un par de niveles lo dejé, un poco apenada, pues a pesar del esfuerzo sentía que no estaba lista para comunicarme con un hablante de kichwa. Considero que la mejor forma de interiorizar y hablar un idioma nuevo es por medio de la inmersión, como cuando aprendemos a nadar; una vez en el agua, ya sea por instinto o por necesidad tenemos que movernos. Por supuesto es recomendable viajar a los lugares donde se hablan los idiomas y practicarlos, pero en mi caso, no encontré las condiciones para convivir con hablantes de kichwa en ese entonces.

Aprender una lengua no es solamente memorizar palabras o expresiones, sino adentrarse en la visión que tiene un pueblo sobre el mundo.

Una de las características que más me llamó la atención de este idioma es que es aglutinante; es decir, se agregan partículas a la raíz primaria para modificar su significado o para expresar una relación gramatical con otros elementos del discurso.[ii] Esta cualidad fue y sigue siendo la más compleja porque estoy acostumbrada a otras estructuras al hablar español. Por ejemplo, la partícula «pi» significa «en», cuando un kichwa hablante se refiere a un lugar. Así, «Méxicopi» quiere decir «en México», o «casapi», «en casa».

Ahora decidí regresar al kichwa con nuevas inquietudes, especialmente la de entrar en contacto con mis raíces. Siendo estudiante extranjera en Alemania noté que usaba muchas expresiones propias del español ecuatoriano o, más bien, del español andino de Ecuador que está colmado de kichwismos. Por ejemplo, durante la temporada invernal, bastante dura en Europa, para mí no era suficiente decir “hace frío”, sino que recurría al «achachay», expresión kichwa usada frecuentemente para expresar esa sensación térmica.

Pamela (primera de izquierda a derecha) con sus compañeros de clase en Quito.

En clase somos diez alumnos: ocho mestizos y dos indígenas de los pueblos otavalo y otavalo-panzaleo, donde el kichwa es la lengua materna y también el nombre de la etnia. Los profesores son indígenas de Otavalo y Cotacachi, dos ciudades del norte de Ecuador que pertenecen a la provincia de Imbabura, famosa no solo por sus artesanías, sino sobre todo porque es la tercera provincia del país con mayor número de indígenas.

Siento que cada clase tiene una doble connotación. Es un desafío porque a pesar de los esfuerzos por entender y hablar, aprender una lengua distinta implica disciplina y constancia, sobre todo cuando el idioma tiene un carácter eminentemente oral. Lo anterior se refleja en que no existe una larga tradición escrita en kichwa, no porque el kichwa carezca de alfabeto o escritura, sino porque hace un par de siglos leer o escribir en esta lengua era vetado para los indígenas en Ecuador[iii] y tal vez ocurría algo similar con otros pueblos ancestrales de América Latina. Buena parte de sus conocimientos, leyendas, cuentos, medicinas y costumbres se transmitían de boca en boca, de una generación a otra o a través de los diseños textiles. De ahí que la mejor forma de aprender kichwa sea acercándose a hablantes de kichwa, especialmente a los mayores, pues ellos conservan expresiones y palabras en desuso.

Aunque el kichwa no es oficialmente la lengua materna de Ecuador, hay expresiones y estructuras que están profundamente arraigadas en el habla cotidiana. La partícula «mu» conjugada con un verbo indica que la persona irá a un lugar, realizará determinada actividad y volverá. Así sucede, por ejemplo, con «rantina», que significa «comprar». La partícula «mu» se añade al final de la raíz «ranti» y antes de la terminación verbal «na». Así «rantimuna» significa «voy a comprar algo y vuelvo». Por eso es frecuente escuchar en el español de Quito expresiones sin sentido como «voy a volver» o «se fue a volver», que pese a su incorrección, son claras para cualquier local.

Una de las características que más me llamó la atención de este idioma es que es aglutinante; es decir, se agregan partículas a la raíz primaria para modificar su significado o para expresar una relación gramatical con otros elementos del discurso.

La otra connotación que evocan las clases es la de re-conocer mi propia cultura porque puedo re-descubrirme y re-aprender palabras, términos o expresiones que usamos sin preguntar mucho más sobre su origen o significado real. Por ejemplo, un día mientras conjugábamos el verbo «rimana», que significa «hablar», noté que de ahí proviene el nombre del río Rimac en Lima, Perú. En kichwa los verbos pueden ser sustantivados si el final, «na», es reemplazado con «k». De ahí que Rimak pueda significar «hablador» o «río que habla». Algunas palabras de uso cotidiano siguen está lógica. En kichwa el verbo «chapana» significa mirar, observar, espiar. Así, la persona que observa es un «chapak», y es frecuente que en la sierra ecuatoriana las personas se refieran al «chapa» para designar a un agente policial.

Aprender una lengua no es solamente memorizar palabras o expresiones, sino adentrarse en la visión que tiene un pueblo sobre el mundo. Aunque los indígenas que hablan kichwa en Ecuador comparten el país con mestizos, negros y blancos, aprender su lengua me ha permitido entender mejor lo que piensan y sienten. La naturaleza «pacha» es una parte fundamental del discurso para los indígenas. Por eso en su habla siempre hay referencias a lugares como el río «mayu», la laguna «cocha», la cascada «pakcha», la montaña «urku», o el llano «pampa». Son elementos cargados de significado espiritual porque sirven como escenario de ceremonias y rituales para agradecer por las cosechas o purificar el cuerpo y el espíritu «aya». Antiguamente las fiestas empezaban con baños de purificación nocturnos en la víspera de los festejos. La gente acudía a la «packcha» o al «pokyo» (fuente de agua) porque se considera que en esos lugares está el gran espíritu «hatun aya» y el agua «yaku» ayuda a limpiar malas energías. Así el «Inti Raymi» o fiesta del Sol inicia con el baño ritual en la noche anterior al 21 de junio.[iv]

“¿Por qué aprendo Kichwa?”, me pregunto todavía. Tal vez al principio fue por curiosidad, pero durante el camino recordé que mi abuelo materno hablaba kichwa y que mi apellido es indígena. Sin importar esto, siento que nuestras raíces son indígenas. Una prueba de ello es la lengua, que con el paso del tiempo también se ha mezclado con otros idiomas ancestrales y con el español para dar como fruto una riqueza lingüística y expresiva que nos identifica.

*Si quieren saber más de este tema, Pamela los invita a escuchar aquí un podcast sobre lenguas madres que hace parte del programa “Megáfono joven” de la Radio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

 

[i] Cobo, María del Pilar. El Telégrafo. https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/carton-piedra/1/entendamos-el-kichwa, consultado 11 de abril de 2018.

[ii] Catta Q., Javier. Gramática del Quichua ecuatoriano. Quito: Abya-Ayala. 1994.

[iii] El Universo. Lucía Lema Otavalo incentiva el kichwa a través de cuentos y poesía. https://www.eluniverso.com/vida-estilo/2016/11/12/nota/5898559/otavalena-incentiva-kichwa-traves-cuentos-poesia, consultado 18 de mayo de 2018.

[iv] El Telégrafo. Indígenas ayuentan la energía negativa durante el Inti Raymi. https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/buen/1/indigenas-ahuyentan-la-energia-negativa-durante-el-inti-raymi, consultado 18 de mayo de 2018.

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