Posted by on 26 Octubre, 2016

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Pensar como niños para aprender idiomas

john_henry_fuseli_-_the_nightmareLa pintura de Henry Füssli muestra no sólo los símbolos de la palabra«nightmare» sino que guía al lector hacia su origen.

La imaginación de los niños nos puede ayudar a la hora de encontrar respuesta a algunas frases o palabras, en especial en otro idioma.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

Para muchos, la historia detrás de una palabra embelesa y a veces deja sin habla. La composición de cada una de ellas puede trasladarnos a lugares y tiempos en que la realidad era otra, fascinante casi siempre, y que por algún milagro lingüístico podemos disfrutar ahora. Hasta ahora he omitido un elemento hermoso y decisivo en las historia de las lenguas y sin el cual no podríamos concebirnos como sujetos reales: la imaginación. Ahondando mucho más, existe un sector de la población que tiene a lo onírico como un tesoro y para el cual trabaja toda una maquinaria editorial que probablemente compita con los bestsellers para adultos: el de los libros infantiles.

Aunque históricamente ninguneados por la Academia literaria, los niños pueden explicar ciertos fenómenos de la lengua; por ejemplo, aprender idiomas. No es ningún secreto que los métodos lúdicos aplicados a ellos después se llevan a cabo en adultos con buenos resultados la mayoría de las veces. Todos hemos sido víctimas, y aprendido, de ellos.

Existe un sector de la población que tiene a lo onírico como un tesoro y para el cual trabaja toda una maquinaria editorial: el de los libros infantiles.

Cuando se aprende un nuevo idioma debería dedicarse una parte del curso a relacionar la imaginación de las personas con los conocimientos que se pretenden transmitir. Lo interesante de esto sería que cualquiera, en especial los niños, podría formar metáforas y poemas; aun aquellos que se dicen negados. En especial, los niños. Al azar se me ocurren dos ejemplos, uno simple y el otro complejo, de palabras inglesas que pueden arrojar luz sobre lo dicho hasta ahora. Esta clasificación está basada simplemente en la historia de la palabra.

La palabra «lighthouse» («faro»), en poder de un niño, puede suscitar, al menos, una interpretación: es una casa donde hay mucha luz, muchos focos, es amarilla o simplemente está iluminada. Para nosotros, pensando como adultos, sería importante saber que esa imagen puede disparar nuestros pensamientos infinitamente. No se trata de enseñar lo literal sino de enseñar a imaginar, a crear historias cargadas de ficción y, por supuesto, de poesía.

La forma no literal de las palabras podemos encontrarla en «nightmare» (pesadilla). Si llevamos a cabo el mismo proceso podríamos decir que es una yegua de la noche. Poéticamente hablando, esto nos lleva a la verdadera acepción: se colocó «pesadilla» a «nightmare» porque la segunda palabra («mare») es también un demonio que perturba el sueño de las personas. Por lo tanto, una nightmare es la molestia del sueño por una yegua o bien de un demonio. Literalidad e imaginación se unen.

Las pesadillas que explicó Borges en diversos textos nos muestran que él mismo tuvo la imaginación de un niño (…) una nightmare es la molestia del sueño por una yegua o bien de un demonio.

Este tema ha sido tratado por muchos artistas; por ejemplo, Borges trató en Siete noches trató el tema en la conferencia “La pesadilla”; revisó la etimología, mencionó referencias literarias (Shakespeare y Víctor Hugo) y sobre todo nos entregó el poder de la imaginación, la magia, la ficción y la fantasía. El mayor mérito, nada nuevo, fue compartir información y conducirnos por el sueño, la vigilia, la invención y la oscuridad. Es decir, Borges pensó como niño, como todos deberíamos hacer de vez en cuando.

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