Posted by on 4 Octubre, 2017

Palabras, historia y ficción: Palabralogía de Virgilio Ortega

El significado original de las palabras siempre es sorpresivo para nosotros.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

Entre 1913 y 1914, José Vasconcelos escribió un ensayo (“Libros que leo sentado y libros que leo de pie”) que contiene, en una analogía sobre los espectáculos musicales, una opinión sobre sus textos preferidos: los que aprecia de pie son los que lo mueven, lo exaltan y lo levantan del asiento como una sinfonía extraordinariamente bien ejecutada; los otros, sin menoscabo, te dejan sentado, aunque no indiferente. Ambos tipos son emocionantes pues Vasconcelos no desprecia sino que diferencia y clasifica.

“Acaso Palabrología de Virgilio Ortega tenga el germen de los libros que han puesto de pie a mucha gente”

Acaso Palabrología de Virgilio Ortega tenga el germen de los libros que han puesto de pie a mucha gente. Pertenece, tal vez, a una tradición de novela histórica aunque la singularidad de Palabrología está en lo que podría resultar más aburrido: la exigencia por explicar el origen de las palabras.

Siglos antes de los griegos (de donde tomamos la mayoría de las nuestras etimologías) la lengua española se nutrió de giros provenientes, por ejemplo, de Egipto (“deseret”, por ejemplo, que devino en nuestro “desierto”). La “novela histórica” de Ortega parte de este punto.

Los capítulos nos trasladan por pasajes cruciales de la historia de la lengua: el teatro griego, las Olimpiadas, el Coliseo romano y algunos episodios españoles trascendentales para la formación de nuestro idioma; todo lo anterior atravesado, y guiado, por lo que las palabras nos dicen, es decir, la vida de los hombres a lo largo del tiempo es impensable sin la lengua; las historias que cuenta emocionan al lector y lo trasladan.

“te cuenta en 300 páginas una historia no exenta de humor pero un gran defecto: te deja queriendo más”

Un apasionante viaje por el origen de las palabras es el subtítulo de este texto y no es exagerado; la posibilidad de encontrar ese adjetivo (apasionante) es mercadotecnia pero se ajusta a lo que lector requiere: te cuenta en 300 páginas una historia no exenta de humor pero con un gran defecto: te deja queriendo más.

Tal vez es por ello que el autor continúa sus aventuras enfocado en las malas palabras, lo soez; después del bien, procede el mal: la contraparte se encuentra en la otra cara de la palabra: Palabrotalogía.

Probablemente algunos lectores desesperarán en algún momento. La estructura no es sencilla: mientras se cuenta la historia del hombre, aparecen largas digresiones sobre la etimología de cada palabra que el autor considera importante a la hora de contar; al final la lectura se interrumpe gracias a un diccionario etimológico.

“Parece difícil acostumbrarse a estas interrupciones pero resulta que esta estructura no desesperó al lector; al contrario, lo divirtió, lo entretuvo y cultivó”

Por ejemplo, mientras se cuenta la jornada cuarta de los Juegos Olímpicos se introduce una nota informativo-etimológica: “Constituye casi un auténtico holocausto (de holos, todos, y kausis, la ´acción de quemar´, o sea, ´quemar del todo´, por completo: el holocausto es un sacrificio purificatorio, pues el animal es quemado en su integridad y no hay propiamente banquete)”. Parece difícil acostumbrarse a estas interrupciones pero resulta que esta estructura no desesperó al lector; al contrario, lo divirtió, lo entretuvo y cultivó.

Este tipo de libros le hacen bien al mercado, son una opción entre historias de ficción que parecen reales por su crudeza e historias reales que parecen inverosímiles. Palabralogía es quizás el punto de equilibrio entre estos dos polos; probablemente es lo que muchos lectores estaban buscando sin saber que existía.

 

Virgilio Ortega, Palabralogía. Un viaje apasionante por el origen de las palabras. Barcelona: Crítica, 2014.

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