Posted by on 21 Febrero, 2018

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Esta imagen representa un juego en donde el apellido Drexler está escrito a la usanza de los códigos matemáticos.

Con la aplicanción N, Jorge Drexler ofrece un contenido cultural a medio paso entre la literatura, la música y la innovación tecnológica.

 

Fernando Cruz Quintana

En un artículo ya clásico de la teoría literaria, “La muerte del autor”, Roland Barthes decretó la defunción metafórica de los creadores en pro de la reivindicación del texto y el papel activo de los lectores. La premisa del semiólogo francés señala que las ideas contenidas en una obra, lejos de ser una expresión inamovible, dependen de los múltiples lectores que las reactivan de diversas maneras. Por medio de una aplicación para dispositivos inteligentes intitulada N, Jorge Drexler y la empresa tecnológica Wakeapp llevan esta idea del fallecimiento del autor a su expresión más extrema.

Una de las posibilidades más interesantes que han añadido algunos ejemplos editoriales al tema de la lectura en formatos digitales es la reinvención del papel de los lectores. Aunque los consumidores de libros tengan un evidente papel activo, esa participación casi nunca es tal que sean ellos quienes decidan el curso textual de las obras que tienen en sus manos. No en un ambiente literario, pero sí en uno musical, N replantea aquel esquema de consumo en el que un escucha se deleitaba —pasiva y contemplativamente— con las canciones de sus artistas favoritos.

Más que proponer la muerte del autor, esta aplicación (o aplicanción) lleva a un nivel más avanzado la idea barthesiana y propone el nacimiento del consumidor-autor. N contiene tres canciones: “N1”, “N2” y “N3”, mismas que fueron entregadas de manera gradual para utilizarse dentro de la app; en este texto se analiza solamente el caso de “N1” o también llamada “Habitación 316”. Esta pieza musical de Jorge Drexler permite a los usuarios crear, dentro de 1,000,000,000,000,000,000,000,000,000 de opciones (10 elevado a la potencia 27), la canción que escuchan. La historia que se cuenta sin modificar nada a la composición, y también en aquellas donde los usuarios modifican el orden del contenido, expresa la historia de dos desconocidos en un cuarto de hotel y las múltiples maneras en que ambos se pueden encontrar.

El método con el que opera “N1” es sencillo y ocurre al mismo tiempo en que se reproduce la melodía: mientras avanza la pista, se puede cambiar el contenido de los estribillos o de las estrofas, así como decidir si la canción se reproducirá con muchos instrumentos o simplemente con las guitarras y la voz. El resultado, lejos de ser un producto azaroso, responde a una decisión consciente de elegir entre el océano numérico de opciones. ¿Cuándo un lector/usuario/consumidor había tenido tanto poder creativo?

No es la primera vez que Jorge Drexler muestra su interés por trabajar de un modo especial la forma de sus composiciones: ya sea que cree sonetos perfectos, que concluya sus versos con esdrújulas y alargue la sonoridad de sus canciones, una de las características de su trabajo es la reflexión constante sobre el lenguaje mismo. Con “N1”, el compositor uruguayo traslada su trabajo creativo hacia la relación de las palabras y los números. El grado de incertidumbre presente en “N1” se asemeja bastante al que tenemos nosotros, hablantes, a la hora en que decidimos expresarnos: ¿No son nuestras oraciones producto de una elección entre un número finito de posibilidades? Todo depende de la competencia lingüística de cada persona.

Aunque los derroteros de la escritura, el consumo y la lectura digitales sean inciertos, nuevas maneras de aproximarnos a ellas son posibles en este contexto tecnológico. ¿Qué ocurre con los autores en esta era digital? Su muerte probablemente ya no sea metafórica sino virtual.

 

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