Posted by on 31 Enero, 2017

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Con el hashtag #NoBanNoWall la población estadounidense se han manifestado en contra de los decretos del presidente Donald Trump para impedir la entrada a migrantes y refugiados de varios países musulmanes e iniciar la construcción de un muro en la frontera con México.

 

Otro muro no físico se levanta entre los Estados Unidos y la comunidad latinoamericana: una barrera lingüística que simbólicamente deja en claro cuál es la manera en que el gobierno Donald Trump nos percibe. 

 

Fernando Cruz Quintana

A menos de una semana de que iniciara la gestión del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, un hecho simbólico parece confirmar el repudio que se tiene, desde aquel gobierno, hacia los latinoamericanos que habitan en los Estados Unidos: la página de internet de la Casa Blanca cerró su versión en idioma español. Si bien el portavoz de la presidencia estadounidense, Sean Spicer, ha indicado que esto se debe a que la página se encuentra en reconstrucción, no deja entrever que tal sitio pueda reabrirse pronto.

Aunque en apariencia nimio contra los cambios que en días recientes se han decretado, la exclusión de la lengua española en la comunicación oficial del gobierno estadounidense sintetiza una visión de mundo que quiere imponerse a otra que considera inferior o ilegítima. ¿Cómo debe interpretar la comunidad hispanohablante de aquel país esta medida? Dentro del panorama del idioma en el mundo, ¿qué peso tiene la comunidad hispanohablante de los Estados Unidos?

Con más de 400 millones de hablantes, el español es una de las lenguas más utilizadas en todo el mundo. De acuerdo con el sitio Etnologue, es el idioma que ocupa el segundo lugar en cuanto al número de personas que lo utilizan como lengua materna.[i] Si atendemos a la proporción de sus usuarios en el orbe, notamos que México representa el primer lugar con más de 110 millones de individuos que lo utilizan y en segundo lugar se encuentran los Estados Unidos (por encima de Colombia o España) con más de 53 millones. ¿Es realmente el discurso de Trump una afrenta contra la inmigración ilegal o es racismo disfrazado contra la comunidad latina?

Dentro del panorama del idioma en el mundo, ¿qué peso tiene la comunidad hispanohablante de los Estados Unidos?

Los contratiempos no han sido sólo lingüísticos: en medio de la simplicidad y la estereotipación, el mandatario estadounidense —y la mayoría de sus colaboradores más cercanos— han denostado a muchos de los migrantes ilegales latinoamericanos, sobre todo mexicanos (a quienes se les ha tachado de “drogadictos, criminales y violadores”) y se les ha atemorizado sobre lo que el futuro podría depararles. Pero en el día a día, ¿quién puede distinguir con certeza entre los indocumentados y los que cuentan con el permiso o derecho para radicar en los Estados Unidos? De la justicia a raja tabla al racismo hay una distancia muy estrecha…

El extremo de la desfachatez —y de la contraparte de indignación que ha generado— parece moderarse en ocasiones con discursos preparados y con ánimos de cooperación entre la población estadounidenses y sus nuevos gobernantes. Toda esta cautela pareciera querer darnos un tiempo para aceptar que realmente hemos llegado a este punto y que no estamos viviendo una pesadilla. Sin embargo, pese a esta mesura, hechos simbólicos nos devuelven el sentimiento de asombro e impotencia y nos recuerdan qué diferente se ha tornado el mundo en tan poco tiempo.

La historia nos ha dado varios ejemplos en los que una disputa lingüística acompaña a otro tipo de conflictos de dominación. No podemos olvidar el intento —desafortunado— de algunos españoles que quisieron erradicar palabras de origen moro después de la reconquista. También en aquel país, en años más recientes, con el propósito de una “España unificada”, el gobierno franquista llegó al extremo de prohibir la utilización del catalán y otras lenguas.

La historia nos dado varios ejemplos en los que una disputa lingüística acompaña a otro tipo de conflictos de dominación.

Trump podrá suprimir todo contacto con el idioma español desde su gobierno, pero el desplazamiento total de la comunidad latinoamericana en los Estados Unidos se antoja difícil o imposible. Decretos políticos poco podrán hacer frente a cientos de años de arraigo: la presencia española en Nuevo México data del siglo XVII y la mexicana en Texas, Luisiana o California desde el siglo XVIII.[ii] Con menos antigüedad podemos mencionar la presencia cubana en Florida, y la puertorriqueña en Nueva York. Sumemos a todo esta historia de migración que ha ocurrido hacia aquel país durante los siglos XX y XXI.

Y si el pasado no es garantía de la influencia hispana, Humberto López, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua, confía en el futuro de nuestra lengua en tierras estadounidenses: “No hay que tener la menor angustia por pensar que el inglés se pueda apoderar del español. Todo lo contrario. El español se está apoderando hoy del inglés a grandes pasos. En 2050 el español puede ser la primera lengua en Estados Unidos.”[iii]

Sin embargo, todos estos indicios no deben ser tomados como una panacea frente a la nueva política estadounidense anti latinoamericana. Esta no es sólo una batalla lingüística: de por medio está todo aquello que se sostiene en la lengua: identidad, cultura, tradición, entendimiento del mundo…

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Notas.

[i] Sitio de internet Etnologue, consultado en el siguiente enlace electrónico: https://www.ethnologue.com/language/spa

[ii] Francisco Moreno Fernández (2016). La maravillosa historia del español. México: Editorial Planeta Mexicana/ Espasa libros/ Instituto Cervantes. p. 246

[iii]Juan Morenilla “El español se está apoderando del inglés a grandes pasos” en El País, España. Consultado en el siguiente enlace electrónico: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/03/actualidad/1422992005_355629.html

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