Posted by on 4 Abril, 2016

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Los viajes de «gis» y «tiza»

 

 Mapa de la Nueva España en el siglo XVII

 

Dos palabras ahora españolas, pero originalmente del latín y del náhuatl, han evolucionado y viajado en el tiempo y en el mundo para poder existir.

 

Fernando Cruz Quintana

Las naciones que comparten pasado en común saben que el mestizaje es un tema cuyas lecturas pueden darse en más aspectos que sólo el de la mezcla racial: las costumbres culinarias, las deidades, el arte, la vestimenta y el habla son algunos ejemplos que dan cuenta del complejo proceso de hibridación cultural. En esa combinación de elementos se reflejan invariablemente las condiciones en las que los países se relacionaron, como la que se establece entre conquistadores y conquistados, en donde los primeros imponen su manera de hablar —y por ende su visión del mundo—; o como la que existe entre estados hermanos, cuyas expresiones son un ir y venir de un idioma a otro.

Con la conquista y colonización de América central y casi toda Sudamérica (exceptuando a Brasil), el castellano se impuso como la nueva lengua y se transformó a su vez en el español. Desde luego, el proceso de adaptación no supuso un sencillo cambio de léxico y sí un tránsito de muchísimos años, para que las expresiones se fueran adecuando a la nueva realidad histórica y enriqueciendo con vocablos de los pueblos originarios de este continente. En ese contexto de modificación lingüística, resulta interesante el caso de los vocablos «gis» y «tiza», cuyos orígenes y destinos son inversos y recíprocos.

Con la conquista y colonización de América central y casi toda Sudamérica (exceptuando a Brasil), el castellano se impuso como la nueva lengua y se transformó a su vez en el español.

El primero de ellos, «gis», es el término utilizado en México y algunos otros países latinoamericanos para hablar del objeto con el que se escribe sobre los pizarrones de superficie mate. Esta palabra tiene su raíz en la voz latina «gypsum», que se usaba para hablar del yeso y la cual a su vez es una derivación de «Gypso», nombre de una isla egipcia rica en sulfato de calcio dihidrato (lo que comúnmente denominamos «yeso»). Cuando vemos el tiempo y todo el tránsito que esta expresión tuvo que hacer, notamos una admirable resistencia de la palabra a extinguirse. El léxico «gis» ha sabido mimetizarse en el paso de un idioma a otro para seguir diciendo lo que desde un inicio ha querido decir.

Por otro lado —en una paradoja hermosa de los fenómenos lingüísticos—, los españoles, de quienes aprendimos «gis», no utilizan este término para referirse a ese objeto; ellos emplean «tiza», cuyo origen se sitúa en la voz náhuatl «tizatl», que significa ‘tierra blanca’. Y si el primer viaje de la palabra se dio de México a España, es probable que no haya sido el único y después volviera por el Atlántico en el descubrimiento y conquista de los pueblos sudamericanos, particularmente en Colombia o Argentina, donde también se usa la «tiza» para escribir en los pizarrones.

Los viajes de «gis» y «tiza» no sólo reafirman la vitalidad de las lenguas, sino que muestran también su insospechada capacidad para la adaptación. No importa que el detalle se pierda con el paso del tiempo y debido a ello surjan pequeñas alteraciones, las palabras siempre buscarán resquicios y vacíos terminológicos para subsistir.

Los viajes de «gis» y «tiza» no sólo reafirman la vitalidad de las lenguas, sino que muestran también su insospechada capacidad para la adaptación.

Ya sea que utilicemos un término u otro para referir al objeto con el que escribimos en un pizarrón, al decirlos reproducimos un eco vetusto que nos muestra el pasado milenario de la humanidad. ¿Cómo habrán sido los primeros nombres de las cosas? ¿Por qué nombrar «Gypsos» a una isla? ¿Por qué «tizatl» habrá expresado ‘tierra blanca’? Ir hacia atrás hasta el origen de las expresiones es una labor cada vez más compleja, si no es que imposible en muchos casos. Podemos pensar que las onomatopeyas debieron haber sido muy útiles para representar a los animales y a muchos de los sonidos de la naturaleza, pero ¿cómo habrá sido la invención de conceptos tan complejos como la idea del amor o la libertad?

 

 

Comments

  1. Alma Aguilar Funes
    6 Abril, 2016

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    Me encantó este texto porque es algo que me da vueltas en la cabeza siempre… ¿Cómo empezó el lenguaje y cómo derivó en la mezcla de tantos idiomas? ¡Me parece sorprendente! Felicito a Fernando, no sólo por la forma tan amena en que escribe, sino por la investigación que hizo y el cierre reflexivo de este artículo.

    • Lengua Viva
      11 Abril, 2016

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      Muchas gracias por tus palabras, Alma; nos motiva mucho saber que lo que hacemos es del gusto de la gente. Trataremos de mantener siempre esta calidad. Un saludo afectuoso.

  2. Juan G. Sans
    4 Junio, 2016

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    Como curiosidad, añadir que “gis”, en su forma “guix”, se usa para denominar tanto a la tiza como al yeso en catalán.

    • Lengua Viva
      9 Junio, 2016

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      Gracias por el comentario, Juan; consideraremos incluirlo en el texto. En Lengua Viva tenemos un especial cariño por el catalán porque en Cataluña surgió la idea de nuestra página.

  3. boyclever
    23 Julio, 2017

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    With thanks. Numerous forum posts.

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