Posted by on 25 Agosto, 2016

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Los súperhablantes

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Después de comparar varios estudios y de llevar a cabo algunas entrevistas, el autor de Babel No More concluyó que las personas que hablan más de 11 idiomas pueden denominarse hiperpolíglotas. 

 

Las historias de los hiperpolíglotas demuestran que para aprender una lengua se necesita labrar el talento a punta de voluntad y disciplina.

 

María Paula Laguna

Hubo una época en la que todos los hombres conocían las mismas palabras. A dios le disgustaba la idea y, por eso, cuando supo que estaban construyendo la torre de Babel para acariciar el cielo, quiso ponerlos a prueba inventando muchas lenguas. Así, además de confundirlos, los obligaría a dispersarse, a poblar el planeta, a fundar nuevas culturas, en fin, a crecer en la diferencia.

Hoy se hablan alrededor de 7.000 idiomas en el mundo y sólo unos pocos seres humanos han desafiado ese mandato divino al convertirse en hiperpolíglotas, es decir, personas versadas en 11 lenguas o más. El más famoso es Giuseppe Mezzofanti, de quien se dice dominaba más de 70 idiomas en el siglo XIX. Cada vez que le preguntaban por el secreto de su talento, el cardenal italiano se lo atribuía a su memoria prodigiosa: le bastaba escuchar una palabra una vez para que se le quedara grabada el resto de la vida.

Atraído por esa historia, hace unos años, el periodista Michael Erard escribió el libro Babel No More en busca de otros personajes como Mezzofanti. El reportero encontró varios casos asombrosos, pero su hallazgo más interesante es que estos genios del lenguaje son mucho más que súper cerebros, pues incluso el cardenal usaba tarjetas de mnemotecnia (una estrategia para recordar más fácilmente por medio de la asociación de ideas nuevas y conceptos ya conocidos). Un ejemplo viviente es el de Alexander Arguelles, un profesor estadounidense capaz de hablar 50 idiomas. Su habilidad no es más que disciplina: horas de estudio, manuales de gramática y caminatas por el bosque mientras escucha y repite grabaciones en otras lenguas.

Cada vez que le preguntaban por el secreto de su talento, el cardenal italiano se lo atribuía a su memoria prodigiosa: le bastaba escuchar una palabra una vez para que se le quedara grabada el resto de la vida.

Un método similar aplica Tim Doner, un joven de 20 años a quien varios medios han presentado como el hiperpolíglota más precoz de la historia. Doner empezó a los 13 años con el hebreo después de escuchar y aprenderse las letras de un grupo de funk israelí. Su mejor estrategia es imitar la melodía de las palabras –como si los idiomas fueran música–, así como visitar las tiendas de inmigrantes en Nueva York. Desde que su historia se volvió viral, siempre se ha cuestionado lo que implica dominar una lengua. “Puede significar memorizar tablas de verbos, conocer el argot o hacerse pasar por nativo –escribió en TED–. Sé que nunca podré hablar con fluidez 20 idiomas, pero ahora entiendo que el lenguaje también consiste en ser capaz de conversar con otros, ver más allá de las barreras culturales y encontrar una humanidad compartida”.

En su investigación, Erard también se enfrentó a esa pregunta, pues si dominar una lengua supusiera pronunciar un par de frases, bastaría con repetirlas hasta el cansancio para memorizarlas. Sin embargo, ¿dónde quedarían las sutilezas? Una lección inolvidable en el tema la dio el liberiano Ziad Fazah, el hombre que supuestamente más idiomas hablaba en el mundo, según el libro Guinness de los récords, cuando en plena transmisión televisiva no pudo responder una pregunta informal en mandarín, ruso y griego, pues no entendió nada de lo que le estaban diciendo.

Los auténticos políglotas no andan compitiendo ni alardeando de su talento. Al contrario, aprenden de manera silenciosa y temen referirse al número de idiomas que dominan, incluso sospechan de cuánto conocen el suyo. Son conscientes, sobre todo, de que cada lengua es dueña de un universo, y por eso siempre habrá vocablos, expresiones y conceptos que no comprenderán si no se acercan a los modos de vivir de sus hablantes. Puede entonces que el secreto para asomarse a esos otros mundos, producto de la ambición humana y la ira divina de hace millones de años, también sea una combinación de disciplina y humildad.

Posted in: Babel

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