Posted by on 6 Julio, 2016

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Lexicografía y poesía, la intersección de dos caminos

Una anécdota sobre semántica poética a partir del diccionario REDES

6908552904_99a3a8c882_zUn entrecruce de caminos, como una bifurcación en reversa, parece indicar una inquietante lógica o razón ulterior de sentido.

¿Realmente son tan tajantes las diferencias entre la literalidad y el sentido poético? Envuelta en una anécdota asombrosa e improbable, Michelle Pérez-Lobo parece difuminar las distancias existentes entre la lexicografía y la poesía.

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” Si dejamos de pretender que las definiciones son ciencia, podemos disfrutarlas como un tipo de literatura —pensarlas como poemas extremadamente ñoños— sin recargarlas con tareas para las que no son apropiadas.”
Erin McKean

 

Michelle Pérez-Lobo

¿Cuál es el hilo que atraviesa y une los adjetivos y los verbos abrupto, accesible, adecuado, allanar, amargo, angosto, arduo, azaroso, bloquear, bueno, concurrido, correcto, desviar, doloroso, elegir, encarar, expedito, inexorable, iniciar, obstruir, proceloso, propicio, rural, señalar, serpentear y tortuoso? Es posible esbozar su respuesta –ojo, que no responder– desde dos formas (casi opuestas entre sí) en que la lengua puede ser registrada, y que podríamos caracterizar laxamente como una objetiva y otra subjetiva: la lexicografía, la primera, y la poesía, la segunda; caminos que, aunque se bifurcan, tienen puntos de contacto, breves coqueteos. Dos anécdotas que se emparentaron por azar pueden servirme para explicar lo anterior.

Conocí al gramático español Ignacio Bosque el 9 de mayo de este año, día en que nos dictó una clase sobre los diccionarios combinatorios a los alumnos de la Escuela de Lexicografía Hispánica de la Real Academia Española. Ya que este tipo de obra no tiene realmente tradición lexicográfica en nuestra lengua, su exposición se centró en los dos diccionarios pertenecientes a esta tipología que él concibió y dirigió (sobre los que volveré más adelante, particularmente sobre el primero): REDES. Diccionario combinatorio del español contemporáneo (2005), y el Diccionario combinatorio práctico del español contemporáneo (2011). Para ejemplificar cómo son los artículos de REDES, nos leyó una entrada: la correspondiente al sustantivo camino[i].

Poco más de una semana antes de esta clase, el 27 de abril, envié una colaboración para un proyecto digital llamado El Escuchatorio, enfocado a “reposicionar la escucha como ejercicio poético”[ii]. Quien quisiera participar en él debía mandar un archivo de audio (de cualquier tipo: ruido, música, voces) inspirado en el tema “Camina”; las grabaciones fueron transmitidas en estaciones de radio por internet en algunos países de América y Europa durante el 1 de mayo[iii]. Ya que en el momento me preparaba para la clase de Bosque estudiando el prólogo de su primer diccionario, se me ocurrió grabarme leyendo una entrada de este que fuera alusiva al tema; la misma que, gracias a un extraño golpe de dados, Bosque nos leería a sus alumnos el 9 de mayo. Esto es que, de entre los poco más de 7,000 artículos que contiene REDES, el profesor hizo la misma elección que yo; nos encontramos en un único vocablo, camino, en distintos espacios y tiempos, cada quien con una motivación diferente e incluso opuesta; un hallazgo que permeó mis pensamientos durante varios días.

Lectura de los sentidos de la palabra «camino» en REDES por Michelle Pérez-Lobo. 

 

Esta coincidencia bien podría ser intrascendente, pero la palabra camino en voz del gramático y en forma de lectura aficionada fue más que una experiencia sorprendente por su alta improbabilidad, ya que también evidenció dos posibilidades de leer un mismo texto, en este caso un diccionario, que por lo general no se concibe como una obra que de hecho se lee. Bosque dijo en voz alta la entrada como lo que era, como lo que es: un listado de adjetivos y verbos con que los hablantes del español utilizamos con regularidad la palabra camino. Citó un texto de una obra lexicográfica cuyo objetivo no es dar definiciones, sino mostrar al usuario “los contextos en que aparecen las palabras y […] la forma en que se combinan”[iv], intención que permea también al Diccionario combinatorio práctico de 2011.

REDES muestra las posibilidades de combinación de las palabras en lengua española, sin ser un diccionario de construcción y régimen gramatical (esto significa que, por ejemplo, no señala qué preposición debe emplearse después de cierto verbo, etcétera); se fundamenta en la idea de que las relaciones que se establecen entre ellas son de naturaleza semántica, y que en cada una reside una potencia combinatoria producto de sus particulares rasgos de significado, matices que un hablante no podría identificar con facilidad pero cuyo conocimiento demuestra al emitir cualquier mensaje. Así, este diccionario explicita lo que el hablante ya sabe de su lengua[v] y las restricciones que este mismo emplea al hablar. Por ejemplo, a este no le parece chocante decir en español que, así como cualquier superficie se ensucia, también se ensucian la reputación, los expedientes o la biografía de un personaje, pero sí puede extrañarle que se ensucie, por ejemplo, el deseo.

Hablar de restricciones, pues, no implica que esta obra pretenda coartar la libertad expresiva de sus usuarios o establecer una norma para que estos produzcan siempre los mismos mensajes; más bien, describe lo que en su uso de la lengua hay de sistemático, las pautas que la combinatoria entre unidades léxicas deja entrever. Es por eso que el corpus que sirvió de base para la redacción de este diccionario se creó a partir de más de 68 textos periodísticos; se obviaron textos literarios, sobre todo del género lírico, por no mostrar relaciones sistemáticas entre palabras, y porque en ellos se manifiesta la “voluntad de estilo” del autor; se vuelve patente la función poética del lenguaje más que la informativa o comunicativa. Esta separación categórica de lenguaje objetivo y subjetivo en REDES es resaltada por Bosque hacia el final de su ensayo introductorio, donde señala que es probable que esta obra tenga poco interés para los que escriben literatura, en el sentido de que la combinatoria registrada se aleja de buscar un fin artístico y que, analizadas bajo esta perspectiva literaria, dichas combinaciones “se ven como rutinas”, algo que incluso podría ser calificado de indeseable para quien busca expresividad poética.

Volvamos entonces al audio de El Escuchatorio y a la segunda forma posible de leer el diccionario en cuestión. Al oírme enunciando estas palabras (leídas con una prosodia particular, más propia de la lírica que de la cita textual) salían a relucir aspectos que trascendían la relación de cada una con el término que les servía de base: más que volverse explícita la conexión entre estos adjetivos y verbos y camino (pues dicho término sólo se mencionaba al inicio de la grabación), se generaba una tensión entre los componentes de la lista; se asomaba un parentesco entre ellos, difícil de puntualizar. La pregunta inicial se reformula: ¿qué parte de su significado comparten abrupto, accesible, proceloso, propicio, señalar, serpentear y los demás adjetivos y verbos citados? Pienso en los estudios semánticos que buscan los rasgos de significado mínimos que subyacen en las palabras; pienso también en la labor del lexicólogo y del lexicógrafo, que determinan dichos matices al delimitar el significado de un vocablo frente al de otro en la confección de un diccionario; y pienso (tal vez sólo por inclinación personal) en la poesía como juego de choques entre dos términos contiguos, donde estalla un nuevo significado que parecía no residir dentro de ellos, pero que nace gracias a su contraposición. Pienso en los poetas como quienes tensan –casi hasta las últimas consecuencias– la cuerda entre las palabras que unen (¿habrá algún poeta que ya haya escrito un verso con “deseo sucio”?); en el poeta como dios de Vicente Huidobro, quien “apaga y enciende / palabras estelares y cerezas de adioses vagabundos”[vi], y en la poesía como una “sonrisa del cerebro que evoca estrellas muertas”[vii].

Resulta, pues, que el nexo que establecí entre la lectura de camino realizada por Bosque y por mí es más que un vínculo azaroso: la poesía y la lexicografía (y aquí habría que acotar: la lexicografía combinatoria) comparten, es obvio, la materia lingüística como objeto de estudio y vehículo de creación y comunicación, pero también esta idea casi mística de que hay algo invisible que reside en las palabras; el significado como una joya en bruto que solo surge cuando estas se pulen mutuamente. En REDES, ya se ha dicho, se describen de forma sistemática estas relaciones, con la naturalidad con que los hablantes las producen; en la poesía estas combinaciones son caprichosas, quieren incitar a quien se las encuentra, provocarle una revelación.

En aquella clase del 9 de mayo, el profesor Ignacio Bosque señaló ante sus atónitos estudiantes que las palabras significan mucho más de lo que los diccionarios (entiéndanse aquí los tradicionales, que contienen definiciones) son capaces de expresar: no nos dicen nada sobre su uso ni sus posibilidades. Pienso entonces en la poesía porque esta se sirve de estas potencialidades y las lleva al límite; porque “El terreno de la poesía no se asienta sobre lo necesario ni sobre lo infalible. En él, las palabras adquieren nuevos atributos. Iluminan, revelan, desvelan, siembran, inquietan…”[viii]; se trata de una zona escurridiza donde una voluntad estética puede, con un par de palabras, tanto engendrar un sentido inesperado como dar pie a un juego de significaciones al borde del sinsentido. Claro que el juego, contrario a la combinatoria, no es sistemático; pero valdría la pena considerar las excepciones –la extrañeza, ¡las coincidencias!– como flanco válido para allanar la esencia de los signos lingüísticos, para descubrir de una vez por todas qué significan.

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Sobre la autora

Michelle Pérez-Lobo (México). Estudió literatura iberoamericana en la Universidad del Claustro de Sor Juana, y actualmente está por terminar la maestría en lexicografía hispánica en la Escuela de Lexicografía Hispánica de la Real Academia Española. Edita la revista La Peste, y trabaja como redactora y correctora de estilo. Ha publicado poemas, ensayos, traducciones del inglés y cuentos en revistas como Pánico, La Hoja de Arena, Nocturnario, Crónica Ambiental, Vozed y Cuadrivio.

Instagram: michelle_perez_lobo
Twtitter: @Mplobo

Notas

[i] Bosque, Ignacio, REDES. Diccionario combinatorio del español contemporáneo, 2ª edición, Madrid: SM, 2005, p. 427. A ella pertenecen los adjetivos y verbos citados (en desorden) en el primer párrafo.

[ii] En www.escuchatorio.net.

[iii] Al final, la mía no fue transmitida.

[iv] Bosque, Ignacio, REDES. Diccionario combinatorio del español contemporáneo, p. XXXII.

[v] Cabe resaltar que dentro de las particularidades de este diccionario se encuentra que, al servir de espejo al hablante del español, también evidencia la comunión entre gramática y semántica, ámbitos lingüísticos que tradicionalmente se consideran opuestos, de la misma forma que los cimientos de un edificio no guardan una relación estrecha con la señalética que cuelga de sus paredes.

[vi] Huidobro, Vicente, Altazor, Canto III, versos 45-47, en www.vicentehuidobro.uchile.cl

[vii] íbidem, verso 63.

[viii] Puértolas, Soledad, Contestación al discurso de Clara Janés en su ingreso a la Real Academia Española, Madrid: edición especial de la Real Academia Española, p. 53.

 

Bibliografía

Bosque, Ignacio (2005). REDES. Diccionario combinatorio del español contemporáneo, 2ª edición, Madrid: SM.

Huidobro, Vicente. Altazor, Canto III, en www.vicentehuidobro.uchile.cl

McKean, Erin. “Redefining Definition”, The New York Times Magazine, 17/12/2009, en www.nytimes.com/2009/12/20/magazine/20FOB-onlanguage-t.html?_r=0

Miguel, Elena de (ed.) (2009). Panorama de la lexicología, Barcelona: Ariel.

Puértolas, Soledad (2016). Contestación al discurso de Clara Janés en su ingreso a la Real Academia Española, Madrid: edición especial de la Real Academia Española.

Comments

  1. 86Shenna
    27 Agosto, 2017

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