Posted by on 16 Marzo, 2017

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La poesía de los idiomas

Los países acortan las diferencias a través del intercambio cultural y, en primera instancia, de la lengua. 

En este juego de traducir y proponer nuevas versiones, en la poesía de los idiomas, podemos ver la preponderancia del lenguaje sobre los autores

Luis Ángel Rodríguez Bejarano 

Es sabido ya que muchas palabras de otras lenguas son intraducibles; en ¡Lengua Viva! se ha contado por qué algunos conceptos tienen que ver más con aspectos culturales que con una traducción literal; con todo esto, no es el espacio aquí para teorizar sobre la traducción-traición. Sin embargo, en la poesía, los intentos son aún más vanos. En esta poesía de los idiomas, las personas se dan por vencidas y eligen crear otro poema con el fin de preservar la obra original, y que, al mismo tiempo, funcione como homenaje. En otras ocasiones, es preferible explicar por qué se ofrece una u otra versión.

Para un escritor, la ansiedad de dar a conocer a otro autor, lengua o texto es grande e inacabable

Sobre los autores traduciendo poetas hay mucho material: para un escritor, la ansiedad de dar a conocer a otro autor, lengua o texto es grande e inacabable. Un asunto distinto es cuando un poeta escribe un poema y pide a otros (o en todo caso, conoce poco), continuarlo en una lengua distinta a la suya. Las preguntas son varias: ¿es el mismo poema?, ¿se pueden acercar las versiones?, o bien ¿cuál es la utilidad de escribir “lo mismo”?, lo anterior encuentra respuesta en un valiente experimento que Octavio Paz inició en 1971 cuando pidió a Charles Tomlinson, Jacques Robaud y Edoardo Sanguinetti que escribieran un poema a la usanza japonesa: un renga, que es un poema encadenado. Las dificultades para la versión occidental del escrito los hicieron decidirse por escribir sonetos, con lo cual, cada uno en su lengua, completó la secuencia que explica el crítico literario Makoto Ooka:

Paz y sus amigos escribieron pues veintisiete sonetos, todos de cuatro estrofas, cada una compuesta por un poeta diferente, que se expresaba en su propia lengua. El orden de intervención de los autores cambiaba en cada poema, y las estrofas podían tener de siete a cuatro versos. El conjunto se divide en cuatro secciones, las tres primeras de siete sonetos y la última de seis. Puesto que las cuatro secuencias se escribieron al mismo tiempo, empezando por el primer soneto de cada una, luego por el segundo, y así sucesivamente, el libro puede leerse en ese orden, al que llaman horizontal, lo mismo que en el orden vertical de su presentación final, secuencia tras secuencia.[1]

El lenguaje debe ser, ante todo, el protagonista del poema. En la multitud se eliminan nombres, corrientes, incluso idiomas

Lo anterior no hace sino demostrar un máxima en la poesía paciana: que el lenguaje debe ser, ante todo, el protagonista del poema. En la multitud se eliminan nombres, corrientes, incluso idiomas, sólo subyace el texto a través de su materia prima:

Aime criaient-ils aime gravité

des très hautes branches tout bas pesait la

Terre aime criaient-ils dans le haut

(Cosí, mia sfera, cosí in me, sospesa, sogni: soffiavi,

tenera, un cielo: e in me cerca i tuoi poli, se la

tua lingua e la mia ruota, Terra del Fuoco, Terra di

Roubaud)

Naranja, poma, seno esfera al fin resuelta

en vacuidad de estupa. Tierra disuelta.

Ceres, Persephone, Eve, sphere,

earth, bitter our apple, who at the last will hear

that love-cry?

 

Las palabras se encadenan, resuenan y se independizan del autor. No requieren más que el acompañamiento de otras de su mismo género. Las posibilidades que ofrece Paz y sus amigos son un intento por acercarse a la interactividad de la poesía japonesa, en la cual la participación del lector, o bien otro poeta, es indispensable. por supuesto, no es la intención de este texto analizar Renga, sólo se pretende ejemplificar la hermosa relación entre las lenguas y la salida que da la poesía a lo intraducible.

[1] “La modernidad de la tradición japonesa y el Renga de Octavio Paz”, en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, marzo 2014, p. 22.

Posted in: Babel

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