Posted by on 13 Julio, 2016

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¿La discriminación por el idioma?

27027894530_e5ac3e9caa_zEl séptimo arte es probablemente el espectáculo más importante en nuestros días.

El lenguaje para la exhibición de las películas importadas depende de las decisiones, a veces legales, a veces populares, de cada país.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

En la historia de los hombres en general, y en la de los idiomas en particular, nunca ha estado exenta la imposición. En entradas anteriores, este proyecto atestiguó un texto sobre las condiciones de la defensa de una lengua. Para nadie es un secreto que los españoles intentaron, por ejemplo (luego por suerte no fue posible), eliminar muchas de las palabras que habían heredado de las invasiones musulmanas. En otros países, lo mismo sucedió con aquellas de origen anglosajón, por ejemplo. Un tercer caso es la campaña de la Academia Española para evitar el uso de anglicismos. Lo anterior sólo puede mostrar los intentos de un pueblo por evitar la subyugación cultural. Más allá de la conquista territorial, el dominio lingüístico ha sido evitado por siglos. Un tema paralelo a esto es la influencia y retroalimentación entre dos culturas.

En México, con todo lo que la influencia de la cultura de Estados Unidos significa, una parte de las películas (las infantiles) importadas en lengua inglesa deben ser dobladas, por ley, al español.

Este punto de reflexión no es algo nuevo ni difícil de localizar en nuestros días. Tampoco lo es que ciertas culturas se consideran superiores y el idioma esté implícito en ello. Hace poco sucedió el reverso. Si se considera que en España los idiomas ajenos al país se miran lejanos, es una norma para la gente que las películas no se encuentren en su idioma original, sino dobladas al español. Esta práctica surge del franquismo: aquel gobierno revisaba el material cinematográfico y censuraba aquellas partes consideradas “peligrosas” para efecto de sus propios criterios. Doblar una película era una manera segura de controlar contenidos. A partir de ello se desarrollaron escuelas de doblaje y traducción que se cuentan como las más importantes de habla hispana.

En México, con todo lo que la influencia de la cultura de Estados Unidos significa, una parte de las películas (las infantiles) importadas en lengua inglesa deben ser dobladas, por ley, al español. No estoy ni estaré en contra de eso, significa empleo para mucha gente sin contar a los actores que prestan sus voces además de que, si el doblaje es de calidad, ayuda a entender aspectos para que, por ejemplo, el niño que la observa, se acerque lúdicamente y ayudar en su desarrollo cognitivo.

Además de estos datos, se debe tener claro que los precios del cine varían dependiendo de la zona, esto no sorprende tampoco, más allá de que las salas resulten iguales. Esto es: en ciertas zonas de la ciudad o del país la gente puede pagar un boleto de, digamos, 10 dólares mientras que en otras zonas no es posible. Tiene que ver con demandas y, asumo, estudios socieconómicos. Esto no debería sorprender a nadie, el mercado lo exige y nadie está exento de ello: si el deseo de alguien es ver la misma película en dos zonas distintas debe pagar la diferencia de ubicarse en un lugar u otro. Sin embargo, desde el punto de vista de la lengua, no es la misma película pues el que decidiera apreciar la obra en su idioma original no perdería algunos giros, bromas, guiños del director o actor para los espectadores, sin que eso represente un gran problema en la mayoría de los casos. Sin embargo, revisando la cartelera, uno se encuentra con que las películas que ofrecen las dos cadenas de cines más importantes del país (CINEMEX y CINÉPOLIS) en ciertas zonas de la ciudad (las más caras) se ofrecen en su idioma original mientras que en una zona “menos favorecida” (generalmente de la periferias de las granes ciudades), se ofrecen dobladas al español. Aquí es donde radica la verdadera eliminación del idioma: ninguno de los títulos ofrecidos se encuentra en su idioma original, absolutamente todos doblados al español. Por supuesto, y desconozco si así fuera, la ley no contempla, hasta donde sé, que todas las películas en un complejo de cines tengan que estar dobladas.

La presunción es que una empresa otorga un producto diferente porque la gente es diferente, con todo lo que eso significa.

El ejemplo anterior demuestra la omisión de una o varias lenguas: las cadenas asumen que las personas que viven en las zonas llamémosle baratas, son incapaces de entender el inglés u otra lengua; peor aún, que no pueden leer con rapidez los subtítulos que se presentan ante ellos. La excepción, no está de más decirlo, son las películas infantiles. Entonces, pueden asumirse instantáneamente dos cosas: que las cadenas de cine tratan a todos como niños o que las cadenas de cine tratan a todos como neófitos. Cualquiera de las dos es un acto de discriminación. Al no conformarme con estas conclusiones, llamé a ambas empresas: en ninguna me dieron una respuesta diferente a “existen zonas donde la gente no consume películas en su idioma original y no vería películas que no puede leer, finalmente va al cine a divertirse”. Más allá de que desde el punto de vista de negocios es una respuesta tan válida como cualquier otra, lo revelador de esto es que una empresa que lucra con los idiomas esté tan poco preocupada por ellos considerando que esto no siempre fue así: hasta hace no mucho, en las mismas salas, se colocaba una película en su idioma original al menos por poco tiempo en cualquier zona de la ciudad. Eso ha desaparecido y traído la resignación de personas que además de divertirse desean obtener algo más del cine, si es que eso puede darse. Esa búsqueda aleja clientes, asunto que a las cadenas tiene sin cuidado porque el gran consumo en esa ciudad, de ese barrio, de ese centro comercial, está condicionado porque la gente no tiene la capacidad de leer ni reflexionar en otro idioma y, peor aún, no se le ofrece la posibilidad de hacerlo. Es como si los gobiernos no proveyeran de bibliotecas en los pueblos pues asumen que a la gente no va a importarle un libro porque no sabe leer.

La presunción es que una empresa otorga un producto diferente porque la gente es diferente, con todo lo que eso significa. Si cualquier lector, en ciertas zonas de la Ciudad de México, quiere ver una película inglesa doblada al español es normal; en cambio si una persona elige la misma película en su idioma original, a veces no podría porque un idioma es impuesto y una parte de la población es asumida como inferior.

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