Posted by on 26 octubre, 2020

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Desde un balcón se contempla otra casa, del mismo modo en que desde nuestro idioma miramos a la distancia a una lengua extranjera.

Qué difícil es mantener el significado de una obra cuando es traducida a otros idiomas. Marcela Batista relata de forma poética cómo fue el paso del portugués al español al traducir el poemario SOZÉ.[i]

Marcela Batista

Me gusta pensar en una obra de arte como un cuerpo porque me atrae la idea de ser tocada por esta otra materialidad que también mueve nuestro cuerpo, acelera los latidos de nuestro corazón, nos hace reír, llorar, indignarnos, emocionarnos. Me gusta pensar en el libro como una obra y esta obra como un cuerpo porque, una vez en el mundo, tiene vida propia e irrumpe en el espacio con su energía, con su propia forma de superar el lenguaje y ser algo más, una presencia, un cuerpo que interactúa con el nuestro cuando lo leemos y lo tocamos.

Un libro se compone de palabras, papel e identidad; así como cada casa tiene su propia organización particular, número de habitaciones, color de paredes, puertas y ventanas, el libro tiene su propio carácter, es por eso que también cambia su recepción dependiendo de quién vive allí y de quién está invitado o no a participar. En mi caso, me invitaron a entrar a la casa SOZÉ, obra de la poeta brasileña Anelise Freitas, en agosto de 2018: debido al lanzamiento del libro, la autora nos abrió las puertas a mí y otras tres poetas para leer muy de cerca, vivir, bailar y extrapolar las paredes del libro: deberíamos pensar en un performance para el lanzamiento de la obra.

Un performance, para mí, sería concebir otra vida para el libro, hacerlo habitar en un cuerpo diferente, manteniendo su esencia y, al mismo tiempo, evocando otras identidades, otras voces que habitan esta casa. La forma que encontré para hacer habitar esos versos en otro cuerpo fue entonces preparando una versión en español del poema titulado “Poema do angu” (“Poema del angú”), que me hizo transitar por nuevos pasillos de sonidos e imágenes por primera vez. Después del lanzamiento del libro, seguí traduciendo otros poemas de acuerdo con una lógica afectiva: primero, me tocaban mientras los leía en portugués, luego ensayaban otras voces dentro de mi boca, en español. Así se tejía la nueva tapicería lingüística, poco a poco se esparcía por la casa entre letras, papeles, apuntes y lecturas. Corría, anotaba en un papel.

Hay varias formas de leer una obra, especialmente cuando es un libro de poemas. Primero como lectora, y luego como traductora de la obra, la pensé como una casa que fui desarrollando y adornando a lo largo del trabajo de traducción. Desarrollé un esquema para sumergirme en la obra que me esperaba, entendiendo el libro como una construcción en la que hay dos caras, una interna y otra externa, ambas se tocan por una tercera cara, el lenguaje. La portada del libro, que lleva el título de la obra, tiene un nombre masculino unido al modo para el tratamiento formal, que en portugués se emplea al dirigirse a las personas mayores. En este caso, “Sô” es la abreviatura de “señor” y “Zé” es la forma apocopada de “José”, que compone el título SOZÉ. En Minas Gerais, las casas y la mayoría de las mujeres suelen ser conocidas por el nombre del hombre mayor, por lo que es común escuchar “Casa de João”, “Hija de José”, “Nieta de Antônio”. Por el contrario, dentro de la casa —que solo vemos si entramos— están las mujeres que la componen, que la mantienen viva, el trabajo de las mujeres, sus subjetividades y, sobre todo, el lenguaje de las mujeres, de las muchas mujeres que habitan su interior vivo.

En el exterior de la casa, los hombres están en la superficie, lo que se muestra y lo que se ve; dentro de la casa están las mujeres y su trabajo diario. El mayor desafío fue traducir las voces, los sentidos y los juegos de palabras de tantas mujeres, cada una con su propia sintaxis, vocabulario, su propio acento, su propio mensaje. A mi entender, no existe una separación rígida entre el interior y el exterior, ambos se tocan, se interrelacionan y se constituyen, la casa siempre es atravesada por la calle y la calle por la casa. Como traductora, viví en este limbo durante aproximadamente un año, aferrada al lenguaje que oscilaba aquí y allá.

Me gusta pensar en este limbo como un balcón, el regalo arquitectónico que nos permite estar dentro y fuera de la casa, lo suficientemente seguros, lo suficientemente arriesgados. En el balcón solemos jugar con los límites, y en ese juego luego constituimos un tercer lugar en el que logramos conectar estas dos esferas a través del lenguaje, que es también una extensión de la vida interior y la vida exterior. De esta exposición, desde el avarandado[ii] del lenguaje, surge la copresencia de espacios, la convivencia de cuerpos, de lenguajes que componen la experiencia poética y traslacional.     

En la obra hay muchos juegos de palabras, términos específicos del interior de la casa, neologismos, regionalismos y un trabajo con el lenguaje que desafía al lector y hace del proceso de traducción también un juego, con pasajes que sobrepasan al traductor, o en este caso traductora, como lectora de la obra. En este sentido, fueron muchos los casos en los que tuve que elegir entre una y otra posibilidad de traducción en un intento por mantener la mayor parte de la estética del poema.

En el poema “Por enquanto não há previsão de mudanças” (“Por ahora no hay pronóstico de cambios”) hay un juego de significado con el género gramatical asociado a los sustantivos menstruaçãoendometriose y cólica, femeninos en portugués, en oposición a ovárioúterofeto, todos masculinos. Al realizar la traducción al español me encontré con este aspecto: aunque la menstruación y la endometriosis mantienen su género, el cólico cambia a masculino y rompe con el sentido del poema, en el que la oposición entre hombres y mujeres era fundamental.

La carga semántica de los sustantivos masculinos, al ser asociada a la propia carne biológica y reproductiva de la mujer, como el feto, los ovarios y el útero, en oposición a la materia que obedece a otro ciclo, se oculta, y se olvida su pertenencia a la esfera más íntima de las mujeres: menstruación, dolor, angustia, se perderían si la traducción se apegara a todas las reglas gramaticales y no cuidara el sentido poético. La opción fue traducir el dolor sustantivo íntimo, femenino, manteniendo la construcción estética de la oposición, eligiendo la palabra española “punzada”, que está dentro de esta casa de sentido que solo conocemos si nos dejamos llevar a ese interior.

En portugués, las vocales abiertas y cerradas son pares mínimos, es decir, al optar por un fonema abierto o cerrado tenemos dos significados diferentes para la palabra. Un ejemplo muy común es lo que ocurre con los sustantivos avô y avó: si se lee el primero con la vocal cerrada, significa abuelo; el segundo, si se lee con la vocal abierta, significa abuela. Un caso similar se me ocurrió con el poema “Texto da aliteração velar-oclusiva III” (“Texto de la aliteración oclusiva velar III”). En el poema en portugués hay un doble sentido con la palabra gosto que me hizo, nuevamente, elegir un camino de traducción, en el que pude acercar al lector a probar este juego de lenguaje.

Si leemos el verso con la vocal cerrada, “e amar é muito mais que corpo, é presença e gôsto”, “gôsto”, que significa gusto, hace alusión al sabor de las cosas; si leemos el verso con la vocal abierta, “e amar é muito mais que corpo, é presença e gósto”, entonces tenemos el presente de indicativo del verbo gostar, que significa tener aprecio por algo o alguien. En el poema, este particular aspecto poético del portugués suena como una sinestesia del cuerpo que ama, desea y al mismo tiempo saborea al otro, una mesa puesta, una cena para dos. En la traducción, encontré una solución también particular. En la primera estrofa, conservé el sentido del gusto que hay en el paladar, y también de estar a gustocomo cuando estamos en casa: “y amar es mucho más que cuerpo, es presencia y gusto” ; el sentido de aprecio y cariño por el otro, se construyó en los siguientes versos: “me gusta vos”.

Traducir SOZÉ fue una experiencia sensorial poderosa, pasó por muchas casas, desde el interior de Minas Gerais hasta Río de Janeiro, también vivió una temporada en Argentina, y mientras tanto se construyeron muchos y diferentes balcones. El cuerpo expansivo de esta obra, transitoria y perenne, tan múltiple y particular, interactúa con nuestros cuerpos hasta tal punto que nos convertimos en el hogar de su existencia. Una babel de voces de mujeres dialoga y desborda más allá de las cuatro paredes del libro, se expande, rompe puertas y paredes: se lanza la casa por la ventana del lenguaje.

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SOZÉ

Anelise Freitas

Brasil: Edições Macondo, 2018

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Sobre las autoras

Marcela Batista es escritora, traductora y crítica; divide sus días entre portugués y español. Editoria del sello independiente Capiranhas do Parahybuna, su primera publicación Caderninho Vermelho (2018) fue realizada por este sello y su edición está actualmente agotada. Su segundo libro de poemas será bilingüe y se encuentra en fase de edición para ser publicado en 2021 por la editorial argentina Hemisferio Derecho. Actualmente se dedica a pensar en otros lenguajes poéticos, como el collage analógico o su blog, donde publica traducciones de poetas latinoamericanas. Todo esto mientras revisa y prepara materiales didácticos, en la ciudad que está aprendiendo a amar, Rio de Janeiro. 

Anelise Freitas es escritora, crítica, traductora, profesora y editora en el colectivo editorial Capiranhas do Parahybuna. Además de graduarse en Comunicación y Letras, es maestra y doctoranda en Estudios Literarios. Sus poemas han sido publicados en revistas de Brasil, Portugal, Inglaterra y Argentina; ha participado en exposiciones en Minas Gerais, Bahia, São Paulo e Rio de Janeiro. Publicó cinco libros de poemas, los más recientes son SOZÉ (Macondo, 2018) y Mamafesto – Parte I (Capiranhas do Parahybuna, 2018). Participó en dos antologías en Argentina: Tropa voluntaria (Proyecto Lux/Argentina, 2016) y Corderos en la espuma (Proyecto Lux/Argentina, 2018). 

Notas

[i] Este texto es una traducción de “A Casa da linguagem — uma varanda para traducir SOZÉ. La traducción es de Fernando Cruz Quintana.

[ii] No tenemos en español una expresión que dé cuenta de “avarandar”, que significa poner una terraza o un balcón. “Avarandado” en cambio sería un adjetivo que se traduciría como “abalconado” o “aterrazado”. Preferí dejar el término tal y como se utiliza en portugués. La idea de la autora es jugar con la frescura y apertura que provee un balcón y hacer una analogía de esto con las múltiples posibilidades expresivas que brinda el lenguaje.

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