Posted by on 15 Junio, 2017

La buena escritura y la música de las palabras

La música y la palabra son inseparables, son el complemento perfecto.

 

La buena escritura en muchas ocasiones es proporcional al ritmo de las palabras.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

La relación entre la música y las palabras es añeja y gratificante; difícilmente podríamos pensar en separar estos dos elementos. Un asunto derivado de lo anterior es la musicalidad de la voz. Muchas culturas documentaron su historia con especial atención en que las palabras formaran parte de una canción o un poema con lo que se buscaba el ritmo ideal que facilitara su aprendizaje y, por lo tanto, su transmisión.

Si el lector mezcla el nivel fonético con el semántico se encuentra con el hermoso significado de la poesía.

Cuando aprendí a leer poesía el profesor me dijo que siempre atendiera a las relaciones que se establecen entre las palabras, aunque no estén colocadas inmediatamente en un verso; no está de más decir lo anterior se fija por su aspecto semántico y rítmico. Si el lector mezcla estos dos niveles se encuentra con el hermoso significado de la poesía y queda maravillado como si encontrara un lugar que siempre imaginó pero que, hasta ese momento, no parecía palpable.

Una particularidad del español es que insiste en que el hablante coloque, cada determinado tiempo, palabras con un elemento tónico…

Una particularidad del español es que insiste en que el hablante coloque, cada determinado tiempo, palabras con un elemento tónico, a esto se la llama unidad melódica; sí, como en las sinfonías. Es decir, nuestra lengua se resiste a los monosílabos. Esto, según los expertos de la lengua, es de los pocos fenómenos que atiende a aspectos de sonido y no de forma de la oración[1]; por supuesto, no se refiere a que tenga que escribirse siempre así sino a que es preferible. Lo anterior se aprecia en las proposiciones de pronombre relativo; es este fenómeno el que aparece cuando dudamos entre colocar <<cual>> en lugar de <<que>> o viceversa en una oración:

Una cuenta bancaria a través de la que se blanqueaba dinero.

Una cuenta bancaria a través de la cual se blanqueaba dinero.[2]

En la primera oración, si contamos la parte subrayada, se observa que el mismo sonido de la lengua española “pide” que no haya muchas sílabas átonas sino que el hablante, o escritor, encuentre una palabra que una las oraciones (<<que>> o <<cual>>) y que, además, le otorgue un elemento tónico a la oración:

Una cuenta bancaria a través de la que se blanqueaba dinero.

Este grupo acentual tiene 9 sílabas hasta encontrar un elemento tónico. La locución preposicional <<a través>>, aún cuando tenga el acento en la última sílaba, funciona como átona porque es una preposición, por lo tanto el grupo acentual tiene 9 sílabas.

La solución, como un nuevo solista en una orquesta, es colocar <<cual>> y el ritmo aparece de nuevo.

El español, al ser una lengua rítmica, el mencionado elemento tendría que encontrarse en 4, 5 o 6; por lo tanto, ubicarlo en la 9 es excesivo y poco natural. La solución, como un nuevo solista en una orquesta, es colocar «cual» (único pronombre con perfil tónico) y el ritmo aparece de nuevo:

Una cuenta bancaria a través de la cual se blanqueaba dinero.

El idioma encuentra en la palabra «cual» un aliado perfecto contra la falta de musicalidad. Esto es, el español se autorregula, aún en la vida cotidiana. Este fenómeno, si bien es raro, nos habla de una lengua cuyos hablantes son rítmicos aunque no lo noten.

 

[1] Santiago Alcoba, “Apuntes de curso Corrección, estilo y variaciones de la lengua española”, coursera.com, junio 2017.

[2] Los ejemplos fueron tomados del mencionado texto de Alcoba.

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