Posted by on 27 Julio, 2016

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Hacer el amor con palabras

Foto-2-de-@Mr.Xav_-2-750x500El erotismo transforma a la sexualidad en un acto poético y pone entre paréntesis a la función reproductiva (Fotografía de @mr.xav, modelo: @anamdb)

Con La llama doble, Octavio Paz entrega el pináculo ensayístico de uno de sus temas predilectos: la relación entre el amor, el erotismo y el lenguaje.

 

Fernando Cruz Quintana

Pensar en el fundamento último de las cosas parece una tarea reservada para el ejercicio filosófico. ¿Puede también la poesía ofrecer respuesta a las inquietudes trascendentales del ser humano? No es para nada un secreto el hecho de que el lenguaje sea la base del pensamiento y la expresión. Enmarcado quizá por esta misma tónica dual, con La llama doble, Octavio Paz traza un hermoso paralelismo metafísico entre el ejercicio poético, el erotismo y el amor.

Aunque el flujo constante de la lengua a través de la historia haya desprendido sus relaciones de sentido, la correspondencia entre estos tres temas es más estrecha de lo que parece. Ya no es tan obvio el vínculo que hermana a «comunicación» y «comunión» —ambas provienen del latín «communis»—, pero con estas dos palabras designamos un acto de estar en contacto con alguien más, la acción de ponernos en común con una persona distinta de quien somos. Para Paz, la comunicación y el acto sexual cumplen con la tarea anterior de salir de nosotros mismos para entrar (literal y simbólicamente) en el otro, pero estos instintos pueden transfigurarse más allá esta simple funcionalidad y ser sublimados: “La poesía pone entre paréntesis a la comunicación como el erotismo a la reproducción”.

Un idea constante en el libro muestra que la justa combinación de las palabras y las personas adecuadas pueden ser la puerta a experiencias y sentidos insospechados, a una realidad —espiritual— que es inasible, pero inconfundiblemente auténtica. Reconozco, empero, que esta sensación de avanzar en ese otro mundo de significados subyacentes es ciertamente fugaz. A fuerza de leer una y otra vez las mismas metáforas que en un principio nos sorprenden, su novedad y placer se difuminan. El juego poético y erótico necesita reinventarse todo el tiempo.

Para Paz, la comunicación y el acto sexual cumplen con la tarea de salir de nosotros mismos para entrar en el otro, pero estos instintos pueden transfigurarse más allá esta simple funcionalidad y ser sublimados en poesía o erotismo.

La prosa poética en La llama doble avanza por dos vías en paralelo: al mismo tiempo por el campo del deleite y del aprendizaje. Su lectura ha significado para mí (las distintas veces que suelo releer algunos fragmentos) una satisfacción inmediata e irreflexiva, una experiencia tranquilizadora de asir una realidad sutil e infinita que descansa en el contraste de la naturaleza y de la infinitamente compleja cultura humana. Si la reflexión de la obra inicia con las equivalencias entre el erotismo y la poesía (“el primero es una poética corporal y la segunda es una erótica verbal”), lo hace para sentar las bases de un fin ulterior, que es por cierto uno de los rasgos distintivos del trabajo de este poeta mexicano: hablar sobre el amor. De este modo y poéticamente, Paz presenta la dualidad del fuego que es la sexualidad: el amor y el erotismo.

Autorretrato 2 de Ana Martínez de Buen(Autorretrato de @anamdb)

La estructura de la publicación no apunta en un sentido cronológico: si bien hace un recorrido de largo aliento que abarca no sólo periodos temporales, sino también tiempos míticos y ambientes ficcionales, el armado de los capítulos permite que el lector pueda entrar al texto de distinto modo y por el lugar que le plazca. De algún modo, esta reflexión amorosa no se contiene en la obra: hay que entenderla como un pináculo de las publicaciones amorosas de Paz y saber que a lo largo de todo su trabajo artístico hay siempre una vuelta sobre el mismo asunto.

Al igual que con la poesía y el erotismo, el amor se encuentra inexorablemente ligado con los caminos del lenguaje. Una explicación recurrente —no por ello inválida— que suelen decir las parejas ante la evidencia innegable de saberse correspondidos en el amor, es que ellos se complementan a sí mismos, que uno y otro son partes de una existencia predestinada desde el origen a estar unida. Este hecho expresa una deuda con el mito de los andróginos, que Platón (a quién Paz consideraba como uno de los primeros teóricos del amor) atribuye a Aristófanes en El banquete y de donde pueden explicarse el origen del lenguaje y del amor. De acuerdo con este relato, en algún momento la humanidad estuvo conformada por seres únicos (llamados andróginos) y de características duales (dos caras en una cabeza, cuatro manos, cuatro piernas, cuatro orejas y dos sexos) que fueron separados por mandato divino. En esta división se sustenta el mito fundacional de la expresión del hombre: aprendimos a hablar para encontrar a aquella parte faltante que nos regresara a un estado de perfección.

Si nos concebimos como seres incompletos e imperfectos, tenemos en la búsqueda del amor el porqué necesario para calmar nuestra carencia, y en el habla el método perfecto para lograrlo.

No hay posibilidad alguna de conocer la primera palabra o el motivo que llevó al primer hombre (¿o el último mono?) a expresarse. Desde el punto de vista del mito de los andróginos, la carencia de completitud puede ser la razón simbólica que nos haya arrojado a salir de nosotros mismos por medio del lenguaje; idea que, si se me permite una lectura interpretativa de La llama doble, haría extensiva al sentido de la obra en un nivel esencial. Si nos concebimos como seres incompletos e imperfectos, tenemos en la búsqueda del amor el porqué necesario para calmar nuestra carencia, y en el habla el método perfecto para lograrlo. En este sentido, en Formas de hablar sublimes: poesía y filosofía, el filósofo catalán-mexicano Eduard Nicol comenta: “La identificación es imposible, porque el ser insuficiente desea reunirse consigo mismo, para completarse, y sólo puede completarse con el otro que le es propio y ajeno a la vez. […] La existencia nos separa, y la distancia sólo puede reducirse expresando. No hay otra manera de “entrar en contacto con el otro”, de llegar a él, de entablar relación y mantenerla, de conocerlo y de “darse a conocer”. La expresión es un modo de darse, el cual invita a la respuesta y solicita la entrega ajena.”

Si aceptamos que nuestros idiomas están erigidos sobre la base de una comunicación que existe para acercarnos a los demás y para encontrar el amor, resulta paradójico que las palabras parezcan escasas para dar cuenta de un sentimiento que transita todo el tiempo de la inmensidad a la imposibilidad de ser expresado: “no tengo palabras para decirte cuánto te amo”. Como invitación final a dejarse seducir por una de las últimas obras del poeta mexicano, una cita de La llama doble que cristaliza de hermosa manera el complejo concepto del amor:

“El amor no es la eternidad; tampoco es el tiempo de los calendarios y los relojes, el tiempo sucesivo. El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante. No nos libra de la muerte pero nos hace verla a la cara. Ese instante es el reverso y el complemento del «sentimiento oceánico». No es el regreso a las aguas del origen sino la conquista de un estado que nos reconcilia con el exilio del paraíso.”

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Octavio Paz

La llama doble.

México/España: Editorial Planeta Mexicana, bajo el sello editorial Seix Barral (1993).

 

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