Posted by on 19 Marzo, 2018

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El “ser y estar” y la realidad lingüística de los otros

 

Ser y estar implican, ante todo, existencia y pertenencia

Hacer conscientes a los demás, a los otros, de la diferencia entre “ser y estar” es una de las bellezas del idioma español. 

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

 

La dificultad para el aprendizaje del español estriba no sólo en las conjugaciones y la distinción de conceptos, sino en el entendimiento del contexto que rodea cada situación lingüística.

Lo más fácil, y práctico, para el docente de español como lengua extranjera es intentar entender las circunstancias por las cuales el alumno no puede contestar preguntas escritas u orales. Diversos ejercicios pueden ayudar a nuestra tarea pero lo más importante es que comprenda por qué se escribe/dice una palabra y no otra.

 “El potencial hablante incluya en su “realidad” la existencia de ambos verbos.”

Un ejemplo significativo, y muy complicado, es el uso de los verbos ser y estar. No son pocos los estudiantes que descubren que estos conceptos dicen cosas muy distintas tanto en la conjugación como el significado abstracto que pueden contener; lo anterior significará que el potencial hablante incluya en su “realidad” la existencia de ambos verbos.

“estar” significa temporalidad porque engloba acciones transitorias: “está guapa (hoy)”, pero resulta difícil de relacionar en oraciones como “Está alto” e imposible con “Está bondadoso”

Es muy usual que se explique que el verbo “ser” implica algo perenne, permanente, con cualidades del ser humano que presumiblemente nunca se irán: “Es guapa”, “es alto” o “es bondadoso”. Por el contrario, “estar” significa temporalidad porque engloba acciones transitorias: “está guapa (hoy)”, pero resulta difícil de relacionar en oraciones como “Está alto” e imposible con “Está bondadoso”.[1]

Esto resulta particularmente difícil para un potencial hablante en casos como “estar muerto” o “ser muerto”. Si aplicamos los criterios anteriores solamente puede usarse “ser muerto”, puesto que implica permanencia porque el individuo no muere hoy o mañana sino que “permanece” de esa manera, digamos, para siempre. La muerte, en teoría, no es un estado transitorio, por lo que el hablante extranjero elige “ser muerto”.

Ahora bien, ¿cómo explicar esto de manera sencilla? Más allá de las técnicas, materiales o ejercicios de cada profesor, la clave está en explicar que el verbo estar se utiliza cuando es resultado de un proceso, de una fase y que, sospechamos, fue producto de un cambio.

Es decir, para utilizar el verbo “estar” debemos sospechar que algo va a llegar a su fin siempre y cuando sea parte de un proceso. Si coloco “estar” estoy dando un carácter previo, pero no preestablecido.

“Resulta válido preguntarnos: ¿estar muerto es el resultado de un proceso de vida?”

Resulta válido preguntarnos: ¿estar muerto es el resultado de un proceso de vida? o ¿en el enunciado “El jarrón está roto” lo que tenemos es el producto de un proceso donde un niño, perro u hombre alteraron la realidad de ese objeto y lo modificaron, es decir, lo rompieron? La respuesta a ambas preguntas es sí.

Para nosotros es (desde siempre como hablantes de español como lengua materna) muy sencillo; sin embargo, en países donde existe sólo un verbo transitivo o bien donde no se concibe de esta manera la idea de un proceso asociada con las palabras, resulta interesante mostrar la realidad que nos hace hablantes de español.

[1] Yolanda Carbera Cotillas y María Ángeles Sastre Ruano, “Usos de ser y estar. Revisión de la gramática y constatación de la realidad lingüística”, en El español como lengua extranjera, de la teoría al aula: actas del tercer Congreso Nacional de ASELE, Málaga: ASELE, 1992, pp. 299-314. PDF. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1959529

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