Bienes comunes: 150 años de la Biblioteca Nacional de México en 150 objetos

La Biblioteca Nacional de México se trasladó en 1979 al recinto que la alberga actualmente y que se encuentra en el Centro Cultural Universitario de Ciudad Universitaria.

La Biblioteca Nacional de México concluyó sus celebraciones por los 150 años de existencia con la edición de un hermoso libro que da cuenta de su historia centenaria.

 

Fernando Cruz Quintana

En 1867, un decreto del entonces presidente, Benito Juárez, dio pie a la creación de la Biblioteca Nacional de México en el antiguo Templo de San Agustín. Ciento cincuenta años han pasado desde la inauguración del recinto bibliográfico más importante del país y para conmemorar tal aniversario, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM[1] editó un hermoso libro conmemorativo: Bienes comunes: 150 años de la Biblioteca Nacional de México en 150 objetos.

Muchas culturas en el mundo celebramos ritualmente nuestro nuestro paso en el tiempo. No solo festejamos nuestros cumpleaños, sino también aquellos de los objetos y recintos que acompañan nuestra existencia. Estas conmemoraciones producen capítulos de nostalgia y añoranza que se alojan en la mente y pueden ser exteriorizadas a través de anécdotas y relatos. Siempre que podemos estamos contándonos quiénes hemos sido, casi como si existeria un miedo latente a ser olvidados.

La palabra escrita constituye una de las mejores herramientas para evitar el olvido. Todos nuestros textos representan una huella fehaciente de algún momento de nuestra existencia; la escritura resuelve la imperfección perecedera que tiene nuestra voz. Gracias a esta mayor permanencia en el tiempo, los libros son vehículos que tienden lazos temporales con nuestro pasado, y las distintas Bibliotecas que los alojan tienen entonces la labor de perpetuar la historia bibliográfica del país en el que se encuentran.

Ciento cincuenta años han pasado desde la creación del recinto bibliográfico más importante del país y para conmemorar tal aniversario, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM editó Bienes comunes: 150 años de la Biblioteca Nacional de México en 150 objetos.

Si cualquier texto es un pedazo del tiempo congelado en palabras, Bienes comunes es un libro meta que invita a un doble ejercicio de memoria: resalta la importancia y la longevidad de la Biblioteca Nacional, que es el principal recinto que resguarda la mayor cantidad de obras de la historia bibliográfica de México. ¡Un libro que relata —a través de objetos— la historia contenida en 150 años de conservar y preservar libros!

El contenido de Bienes comunes no se presenta a manera de un sesudo y denso estudio historiográfico en el que se dé cuenta del peso de los años en la institución. Tampoco la obra trata sobre las personalidades más influyentes que han deambulado por las filas de los diferentes recintos que han albergado a la Biblioteca Nacional. La propuesta coordinada por el doctor Pablo Mora-Pérez Tejada, director del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, prefirió darle protagonismo a 150 objetos que de algún u otro modo son representativos de la institución y que fueron elegidos por técnicos e investigadores del Instituto.

Este modelo de contar la historia con objetos es ya una tradición de algunos de los principales recintos culturales del mundo. En A History of the World in 100 objects, Neil MacGregor, director del Museo Británico, expone con un ejecicio inductivo la grandeza de la cultura humana alojada en pedacitos de la institución que él mismo dirige. Misma situación puede decirse de The Smithsonian’s History of America in 101 Objects, de Richard Kurin o bien de 100 chefs-d’oeuvre du Louvre racontent une histoire du monde, de Adrien Goetz, ambas obras, por medio de objetos alojados en los Museos Nacional de Historia Estadounidense y del Louvre, cuentan la historia de los Estados Unidos y del famoso museo parisino.

Los 150 objetos de Bienes comunes hablan no solo de la Institución con mayúscula; presentan también muchos de los recovecos y nimiedades que solo conocen quienes han trabajado o se han sido usuarios de la Biblioteca. Ejemplos de estas 150 piezas son el carrito transportador de libros, las marcas de fuego de libros antiguos, algunos documentos de la historia de México, imprentas, exlibris, vitrales, etc. Una escultura de Alexander von Humboldt es tan importante en esta obra como El Quijote en braile o el sitio en línea de la Biblioteca. Todos los objetos hablan de algún modo de parte de la historia del recinto.

Los coleccionistas y los bibliófilos sabrán apreciar de manera especial el amor que aquellos que trabajan en la Biblioteca Nacional han puesto en esta obra. Bienes comunes completa las celebraciones de los 150 años de la Biblioteca Nacional de México y es un libro que conmemora la historia y la vida diaria de una de las instituciones de la memoria más importantes del país.

 

 

Bienes comunes: 15o años de la Biblioteca Nacional de México en 150 objetos

Pablo Mora (coord.)

México: Instituto de Investigaciones Bibliográficas -UNAM, 2017.

 

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Notas.

 

[1] El Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM es la institución que se encarga de la administración y el estudio de los acervos de la Biblioteca Nacional de México.




La lingüista que olvidó las palabras

Siempre Alice aborda el mal de Alzheimer desde la perspectiva de una mujer que ha dedicado toda su vida a estudiar el lenguaje. Esta cinta estadounidense le mereció a su protagonista, Julianne Moore, el Óscar a Mejor Actriz en 2015. 

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

Alice Howland, Doctora en lingüística, madre de tres hijos y exitosa profesora universitaria, comienza a perder la noción del tiempo, las cosas, la familia, y se desorienta. A sus 50 años, descubre que tiene una fase temprana de Alzheimer. Desconcertada, esconde la información a sus hijos y esposo hasta que se torna imposible. La enfermedad la acerca con algunos miembros de su familia, la separa de otros, para dejarnos al final, con la compañía de la hija rebelde (Kristen Steward) junto a la madre enferma y desprotegida (Julianne Moore). Este es el argumento de la película Siempre Alice (Still Alice) basada en la novela de Lisa Genova.

El mal de Alzheimer comienza con olvidos que hacen que la persona no pueda disfrutar, por ejemplo, de pasatiempos permanentes. Su vida, por supuesto, cambia. El enfermo debe adaptarse a nuevos hábitos y, en última instancia, luchar por reaprender el mundo. Este encuentro con toda su vida termina en la derrota, pues se pierde en un laberinto donde todo se confunde.

El área de especialidad de la Dra. Howland es la adquisición del lenguaje; es decir, cómo y por qué los niños aprenden ciertas palabras antes que otras. En un mensaje semánticamente obvio, los directores (Richard Glatzer y Wash West) hacen que la profesora pierda la capacidad de expresarse sobre cosas simples, mientras, en sus clases, habla de la lengua en el contexto infantil. Esto es: la autora regresa casi a la niñez porque no puede expresar lo que quiere.

Lo mejor sobre esta película, además de la actuación de Julianne Moore, es concentrarse en ese halo que hace que la memoria se pierda y cómo los personajes secundarios se van infectando de esa enfermedad.

La frustración que ronda la película, más allá del dolor, es por la poca comunicación que los protagonistas tienen. Es un acierto que a medida que ella enferma, el esposo se aleja y se cambia a una nueva ciudad por cuestiones de trabajo. La hija menor, que vive al otro lado del país, regresa para encontrarse de nuevo con su madre y cuidarla en la peor fase de la enfermedad. Los hermanos se tratan como desconocidos y el acercamiento entre ellos es nulo.

Lo mejor sobre esta película, además de la actuación de Julianne Moore, es concentrarse en ese halo que hace que la memoria se pierda y cómo los personajes secundarios se van infectando de esa enfermedad. Si bien es cierto que encuentran un poco de tranquilidad (la hija regresa al lado de su madre), la historia nunca termina de desarrollarse, no hay un final concreto. Esto, que es una falla del director y del guionista, parece un guiño más de una comunicación incompleta, como si el lenguaje se cortara súbitamente, de la misma manera que la Dra. Howland pierde las palabras.

 

Still Alice (Siempre Alice)

Directores: Richard Glatzer y Wash Westmoreland

Estados Unidos, Sony Pictures Classics, 2014.




N, la aplicación de Jorge Drexler

Esta imagen representa un juego en donde el apellido Drexler está escrito a la usanza de los códigos matemáticos.

Con la aplicanción N, Jorge Drexler ofrece un contenido cultural a medio paso entre la literatura, la música y la innovación tecnológica.

 

Fernando Cruz Quintana

En un artículo ya clásico de la teoría literaria, “La muerte del autor”, Roland Barthes decretó la defunción metafórica de los creadores en pro de la reivindicación del texto y el papel activo de los lectores. La premisa del semiólogo francés señala que las ideas contenidas en una obra, lejos de ser una expresión inamovible, dependen de los múltiples lectores que las reactivan de diversas maneras. Por medio de una aplicación para dispositivos inteligentes intitulada N, Jorge Drexler y la empresa tecnológica Wakeapp llevan esta idea del fallecimiento del autor a su expresión más extrema.

Una de las posibilidades más interesantes que han añadido algunos ejemplos editoriales al tema de la lectura en formatos digitales es la reinvención del papel de los lectores. Aunque los consumidores de libros tengan un evidente papel activo, esa participación casi nunca es tal que sean ellos quienes decidan el curso textual de las obras que tienen en sus manos. No en un ambiente literario, pero sí en uno musical, N replantea aquel esquema de consumo en el que un escucha se deleitaba —pasiva y contemplativamente— con las canciones de sus artistas favoritos.

Más que proponer la muerte del autor, esta aplicación (o aplicanción) lleva a un nivel más avanzado la idea barthesiana y propone el nacimiento del consumidor-autor. N contiene tres canciones: “N1”, “N2” y “N3”, mismas que fueron entregadas de manera gradual para utilizarse dentro de la app; en este texto se analiza solamente el caso de “N1” o también llamada “Habitación 316”. Esta pieza musical de Jorge Drexler permite a los usuarios crear, dentro de 1,000,000,000,000,000,000,000,000,000 de opciones (10 elevado a la potencia 27), la canción que escuchan. La historia que se cuenta sin modificar nada a la composición, y también en aquellas donde los usuarios modifican el orden del contenido, expresa la historia de dos desconocidos en un cuarto de hotel y las múltiples maneras en que ambos se pueden encontrar.

El método con el que opera “N1” es sencillo y ocurre al mismo tiempo en que se reproduce la melodía: mientras avanza la pista, se puede cambiar el contenido de los estribillos o de las estrofas, así como decidir si la canción se reproducirá con muchos instrumentos o simplemente con las guitarras y la voz. El resultado, lejos de ser un producto azaroso, responde a una decisión consciente de elegir entre el océano numérico de opciones. ¿Cuándo un lector/usuario/consumidor había tenido tanto poder creativo?

No es la primera vez que Jorge Drexler muestra su interés por trabajar de un modo especial la forma de sus composiciones: ya sea que cree sonetos perfectos, que concluya sus versos con esdrújulas y alargue la sonoridad de sus canciones, una de las características de su trabajo es la reflexión constante sobre el lenguaje mismo. Con “N1”, el compositor uruguayo traslada su trabajo creativo hacia la relación de las palabras y los números. El grado de incertidumbre presente en “N1” se asemeja bastante al que tenemos nosotros, hablantes, a la hora en que decidimos expresarnos: ¿No son nuestras oraciones producto de una elección entre un número finito de posibilidades? Todo depende de la competencia lingüística de cada persona.

Aunque los derroteros de la escritura, el consumo y la lectura digitales sean inciertos, nuevas maneras de aproximarnos a ellas son posibles en este contexto tecnológico. ¿Qué ocurre con los autores en esta era digital? Su muerte probablemente ya no sea metafórica sino virtual.

 




The arrival o la lingüística alienígena

La doctora Louise Banks analiza la escritura ideográfica de los heptápodos en la cinta The arrival.

The arrival, cinta estadounidense que explora el tema de la comunicación entre extraterrestres y seres humanos, obtuvo ocho nominaciones a los premios Oscar en 2017, incluyendo el de mejor película. 

ESTE TEXTO CONTIENE MÍNIMOS SPOILERS 

 

Fernando Cruz Quintana

Difícilmente la lingüística podría ser un tema en una historia de ciencia ficción. Menos probable es que lo sea en un relato cinematográfico sobre alienígenas. El filme The arrival (Denis Villeneuve, 2016), es la excepción. De las obras que han aparecido en nuestra “Estantería”, esta es la primera película que reseñamos en Lengua Viva

La trama de The arrival gira en torno a la doctora Louise Banks, experta en lingüística y en el tema de las traducciones, sobre quien recaerá la responsabilidad de dirigir un equipo para comunicara los seres humanos con los heptápodos.

The arrival es una cinta adaptada de la novela corta Story of Your Life (Ted Chiang, 1998) y cuenta la historia de una invasión extraterrestre a la Tierra y del intento de los seres humanos por comprender los motivos de aquella incursión planetaria. Un justo medio entre el apego a las convenciones y la transgresión conduce la narrativa de la película. Aunque a lo largo de la trama se observe en la humanidad una tensa calma por no conocer los intereses de los alienígenas, poco a poco se descarta esta opción; una de las contravenciones más hermosas del filme es precisamente que no hay un enfrentamiento violento entre terrícolas y los viajeros de otro planeta que nos visitan (nombrados “heptápodos” por su anatomía de siete extremidades).

La trama de The arrival gira en torno a la doctora Louise Banks, experta en lingüística y en el tema de las traducciones, sobre quien recaerá la responsabilidad de dirigir un equipo para comunicar a los seres humanos con los heptápodos. ¡Qué tarea tan difícil la de intentar comprender lo que un ser completamente ajeno a mí quiere decir! Si esto nos ocurre con algún extranjero, tenemos el alivio de que al menos con algunas señas corporales —erróneamente llamadas “universales”, como bien nos enseña el filme— podemos establecer un mínimo de entendimiento.

Después de muchos meses de reuniones entre humanos y heptápodos, en los que las comunicaciones visuales de ambas razas rinden algunos frutos en pos de la comprensión, Louise Banks y su equipo comienzan a entender algunas expresiones. En este punto se produce uno de los eventos fundamentales en la trama: al tiempo que la doctora Banks descifra el código de la lengua alienígena entre “balbuceos” de imágenes, aprende con ello una manera muy particular de comprender la realidad.

La premisa de la película está basada en la filosofía del lenguaje y en la llamada “hipótesis Sapir-Whorf”, que, a grandes rasgos, menciona que la manera en que un hablante concibe la realidad y genera su pensamiento está determinada por la estructura gramatical y sintáctica de su lengua. Esta hipótesis es válida no sólo en la película: nuestra cosmovisión depende en gran medida del idioma que hablamos. Por ejemplo, pensemos en la distinción que en español hacemos entre “usted” y “tú”, y reconozcamos que algunas lenguas sólo tienen una palabra para referir a la segunda persona gramatical. ¿Qué diferencia habría si no tuviéramos ese término formal para dirigirnos a alguien? ¿Seríamos más iguales si no hubiera esta diferencia en nuestras menciones personales?

La premisa de la película está basada en la filosofía del lenguaje y en la llamada “hipótesis Sapir-Whorf”, que, a grandes rasgos, menciona que la manera en que un hablante concibe la realidad y genera su pensamiento está determinada por la estructura gramatical y sintáctica de su lengua.

Siempre he pensado que el mundo es tan grande como las lenguas que existen para conceptualizarlo y designarlo. Que existan palabras intraducibles es un indicativo del poder que tiene un idioma en la construcción de la realidad. En The arrival, la protagonista experimenta la transformación de su propia realidad por el aprendizaje de una nueva forma de expresión extraterrestre.

Algo que hace aún más interesante esta historia es que el habla de los heptápodos permite una concepción del tiempo completamente distinta de la que tenemos los humanos. Conforme avanza en la comprensión de la lengua extraterrestre, Louise Banks comenzará a evocar no sólo sus recuerdos, sino también momentos precognitivos de su futuro. En este punto otro tipo de preguntas filosóficas pueden surgir en los espectadores: ¿cómo viviríamos teniendo plena conciencia de nuestro futuro?, ¿cambiaría eso nuestra actitud para siempre tener una resignación determinista?, ¿sería esto un impulso para modificar nuestro presente en espera de alterar positivamente el porvenir? Algunas de estas inquietudes son también las de la protagonista del filme.

Decir que The arrival es solamente un filme de contenido lingüístico sería injusto. En la obra podría verse también el tema antropológico del choque de dos culturas o un giro en la ciencia ficción en el que una invasión alienígena no es sinónimo de conflicto interplanetario. Las múltiples lecturas son indicativas de una cinta que sabe ser transgresora en la moderación: con unos pasos en lo tradicional y otros en la ruptura de los códigos, The arrival se afianza como una de las películas más atípicas sobre extraterrestres.

 

The arrival

Dir. Denis Villeneuve

Estados Unidos, 2016, Paramount Pictures




Palabras, historia y ficción: Palabrología de Virgilio Ortega

Palabras, historia y ficción: Palabralogía de Virgilio Ortega

El significado original de las palabras siempre es sorpresivo para nosotros.

 

Luis Ángel Rodríguez Bejarano

Entre 1913 y 1914, José Vasconcelos escribió un ensayo (“Libros que leo sentado y libros que leo de pie”) que contiene, en una analogía sobre los espectáculos musicales, una opinión sobre sus textos preferidos: los que aprecia de pie son los que lo mueven, lo exaltan y lo levantan del asiento como una sinfonía extraordinariamente bien ejecutada; los otros, sin menoscabo, te dejan sentado, aunque no indiferente. Ambos tipos son emocionantes pues Vasconcelos no desprecia sino que diferencia y clasifica.

“Acaso Palabrología de Virgilio Ortega tenga el germen de los libros que han puesto de pie a mucha gente”

Acaso Palabrología de Virgilio Ortega tenga el germen de los libros que han puesto de pie a mucha gente. Pertenece, tal vez, a una tradición de novela histórica aunque la singularidad de Palabrología está en lo que podría resultar más aburrido: la exigencia por explicar el origen de las palabras.

Siglos antes de los griegos (de donde tomamos la mayoría de las nuestras etimologías) la lengua española se nutrió de giros provenientes, por ejemplo, de Egipto (“deseret”, por ejemplo, que devino en nuestro “desierto”). La “novela histórica” de Ortega parte de este punto.

Los capítulos nos trasladan por pasajes cruciales de la historia de la lengua: el teatro griego, las Olimpiadas, el Coliseo romano y algunos episodios españoles trascendentales para la formación de nuestro idioma; todo lo anterior atravesado, y guiado, por lo que las palabras nos dicen, es decir, la vida de los hombres a lo largo del tiempo es impensable sin la lengua; las historias que cuenta emocionan al lector y lo trasladan.

“te cuenta en 300 páginas una historia no exenta de humor pero un gran defecto: te deja queriendo más”

Un apasionante viaje por el origen de las palabras es el subtítulo de este texto y no es exagerado; la posibilidad de encontrar ese adjetivo (apasionante) es mercadotecnia pero se ajusta a lo que lector requiere: te cuenta en 300 páginas una historia no exenta de humor pero con un gran defecto: te deja queriendo más.

Tal vez es por ello que el autor continúa sus aventuras enfocado en las malas palabras, lo soez; después del bien, procede el mal: la contraparte se encuentra en la otra cara de la palabra: Palabrotalogía.

Probablemente algunos lectores desesperarán en algún momento. La estructura no es sencilla: mientras se cuenta la historia del hombre, aparecen largas digresiones sobre la etimología de cada palabra que el autor considera importante a la hora de contar; al final la lectura se interrumpe gracias a un diccionario etimológico.

“Parece difícil acostumbrarse a estas interrupciones pero resulta que esta estructura no desesperó al lector; al contrario, lo divirtió, lo entretuvo y cultivó”

Por ejemplo, mientras se cuenta la jornada cuarta de los Juegos Olímpicos se introduce una nota informativo-etimológica: “Constituye casi un auténtico holocausto (de holos, todos, y kausis, la ´acción de quemar´, o sea, ´quemar del todo´, por completo: el holocausto es un sacrificio purificatorio, pues el animal es quemado en su integridad y no hay propiamente banquete)”. Parece difícil acostumbrarse a estas interrupciones pero resulta que esta estructura no desesperó al lector; al contrario, lo divirtió, lo entretuvo y cultivó.

Este tipo de libros le hacen bien al mercado, son una opción entre historias de ficción que parecen reales por su crudeza e historias reales que parecen inverosímiles. Palabralogía es quizás el punto de equilibrio entre estos dos polos; probablemente es lo que muchos lectores estaban buscando sin saber que existía.

 

Virgilio Ortega, Palabralogía. Un viaje apasionante por el origen de las palabras. Barcelona: Crítica, 2014.