La era de los dedos

Vivimos en una época extraña: nos comunicamos más con los dedos que con la voz.

Existe una relación olvidada entre la palabra «dedos», los números y la era digital. En esta entrada develamos cuáles son los hilos que entrelazan estos términos.

Fernando Cruz Quintana

La función de cualquier palabra, trátese del idioma del que se trate, es la de encerrar en su sonoridad o en su escritura un significado que dé cuenta de un fragmento de la existencia. Se pueden delinear sentimientos, hablar de cosas inexistentes, circunscribir una porción material de la realidad, referir cosas inasibles pero mentalmente presentes, etcétera. Los vocablos, no tengo ninguna duda, son piezas del rompecabezas que constituye nuestra expresión, sin embargo, algunas de ellas pueden transmitir ideas o sentidos más amplios por la asociación cultural que les hemos impuesto; así, al escuchar o leer términos como “política”, son inevitables las vinculaciones con “corrupción”, “descomposición”, “gobierno”, “elecciones” y muchas otras cosas que se encuentran unidas por un hilo invisible de relación. Algo como esto ocurre con la palabra “digital” que puede ser el principio de una marejada de evocaciones de modernidad y avance tecnológico.

Siempre he pensado que la familiaridad con la que resuena mi español a veces se siente invadida por la extrañeza de la modernidad tecnológica que se mete por la fuerza con palabras inglesas: no traduzco streaming, tweet, wi-fi, hardware o software con tanta facilidad y por tanto pienso que mi propia lengua privilegia lo anciano, o en todo caso lo clásico, como acto de resistencia ante la vanguardia técnica. Esta firmeza, no obstante, no pareciera ser producto de una elección consciente sino de un retraso en la producción de herramientas tecnológicas: son otros los países donde éstas se elaboran y desde donde las importamos. Pese a esta realidad, hay una palabra que asociamos con la tecnología y que parece surcar distintas lenguas en las que se mimetiza sin miedo de aparecer ajena o de verse como símbolo de avance o retroceso: me refiero a “digital” que al menos en inglés, alemán, portugués, catalán se escribe de la misma manera, aunque se pronuncie de distinto modo.

¿Por qué “digital” puede ser emblema de lo más nuevo y al mismo tiempo sentirse como natural en tantos idiomas? Tal vez la razón provenga de sus orígenes corporales y matemáticos. En latín, “digitus” significa dedo y “digitalis” refiere todo lo relativo a los dedos. Partamos de ese origen porque es el que medianamente conozco; no sé qué motivaciones existieron para que ese encadenamiento de sonidos y escritura deviniera en esta asociación de sentido. ¿Y luego cómo de eso pasó a algo matemático? Es sencillo, sólo piense en qué extremidades le ayudarían a poder llevar cuentas sencillas; poco práctico sería querer hacer analogías entre cantidades con nuestra cabeza o nuestro estómago, de los que solo tenemos una versión, pero con los dedos se puede contar hasta diez veces o veinte si sumamos a los de los pies.

No sé si soy el único que había olvidado la relación que lo digital tiene con los dedos; era tan obvio en las historias de detectives en donde la “huella digital” constituye uno de los indicios irrebatibles de la culpabilidad de una persona. Pero la asociación de imagen inigualable tal vez ya se olvidó también porque ahora lo digital puede representar la facilidad de reproducción y la pérdida del aura que envolvía las obras análogas. Tal vez para los botánicos el desprendimiento no ha ocurrido del todo, pues en el estudio de la planta llamada “digital” o “dedalera” se mantiene vigente la imagen de una hierba que se asemeja en forma a los dedos de sus manos.

En algún momento este vocablo dejó de tener una evidente asociación corporal que claudicó a favor de lo tecnológico. Por causa de mi trabajo he escuchado, leído y escrito mucho la asociación “era digital” para tratar de caracterizar a los tiempos en que vivimos ahora, a casi una quinta parte cumplida del siglo XXI. Aunque no se diga con la intención de hablar de nuestras manos y sí de un periodo mediado por la tecnología, creo que de igual modo podríamos decir “era de los dedos” para representar la manera moderna en que transcurre nuestra comunicación en estas fechas. 

Si comenzó por los dedos y pasó a las cuentas y luego a la tecnología, ¿qué nuevos derroteros le esperan al vocablo “digital”? Imagino una existencia perpetua, o al menos la suma de todas las vidas y todos los tiempos, seguramente en ese lapso inagotable las palabras podrían emigrar sus sentidos y recibir, al menos durante una vez, cualquier significado. Cerremos por ahora la significación en una época dominada por flujos de información y estructurados a manera numérica y binaria de ceros y unos, y contemplemos hasta cuándo será vigente esta analogía.




Como el inasible taco

La forma del taco invita al antojo y dicta la única y particular forma de asirlo: con las manos como pinzas y de ahí a la boca.

La palabra taco no significa lo mismo para la población hispanohablante. En México, necesariamente está identificada con nuestra gastronomía pero históricamente su origen es confuso.

Silvia Elisa Aguilar Funes

Compartir los alimentos, bien lo saben cristianos, musulmanes, krishnas, judíos, es unir los corazones. El maíz es legado de las naciones precolombinas y de entonces heredamos los tacos. La tortilla y sus posibilidades en México conforman la base de nuestra alimentación hasta el hartazgo –aunque difícilmente alguien se harte, y si ello pasare, del taco al tlacoyo, sope, huarache, tostada, tamal u a otro derivado cambiare–. De entre estos platillos, el taco es rey de Tapachula a Hidalgo, de Tijuana a Taxco y de Michoacán a Los Cabos.

Cuando mi madre me leyó Macario, yo salivaba nada más imaginar los frijoles con café, chile y tortilla que tomaba el protagonista cada noche, bocados que terminaba por dar a sus hijos y lo hacían anhelar el pavo de su sino. La tortilla de nixtamal recién hecha envolviendo los ingredientes más elementales. Hasta el presente, sigo saboreando el recuerdo imaginario de un taco de frijoles a pesar del guajolote que Macario tanto deseó. La tortilla es gloriosa; el taco, sublime.

¿Pero será tan universal el taco como potente su atracción? ¿Será que es común a todos los pueblos consumidores de maíz? Naturalmente, no, empezando por los sentidos que evoca la palabra taco. Uno de ellos es curiosamente citado por el usuario de un foro en torno al término taco dentro del sitio StackExchange de la obra de teatro del siglo XVII La Atalanta. Comedia en tres actos, de Gaspar de Ovando (1616). En el diálogo de la “Jornada Segunda. María Santísima”, echar taco se refiere al arreglo de los zapatos:

Paje  ¿Sois hidalgo?
Licas  De solar
    y aun de echar tacos también,

    y si quiere que le den
    más cuenta, oiga si ha lugar:
    bien habrá oído decir
    del Rey Eneo.

La editora, María Jesús Franco Durán, consigna en notas al pie de la edición de 2001 (disponible en Google Books) lo siguiente acerca de los términos solar y, el que nos interesa, taco:

Solar. «Vale también echar suelas a los zapatos y en esta acepción viene la voz Suela.» D.A.

Taco. Tacón. Corresponde al léxico de los zapateros, oficio innoble en la época. Francisco de Quevedo en A una mujer flaca critica esta actividad: «Dios os defienda, dama lo primero / de sastre o zapatero.» (Francisco de Quevedo: Poesía varia, edición de James O. Crosby, Madrid, Cátedra, 1981, p. 67).

De manera que taco es una variante de tacón. En el Diccionario etimológico abreviado de la lengua castellana de Joan Corominas, se registra en 1607 el uso de este término sin que el autor haya logrado establecer un origen etimológico claro: 

Esta palabra, con sus derivados, es común a las principales lenguas romances y germánicas de Occidente. De origen incierto. No hay razones firmes para asegurar si pasó del germánico al romance o viceversa, o si se creó paralelamente en ambos grupos lingüísticos. Quizá imitación del ruido del tarugo al ser clavado en la pared. // Deriv. Taquera. Retaco ‘escopeta corta’, ‘taco de billar corto’, de donde ‘hombre rechoncho’, 1737. // Tacón, 1604; taconear, taconeo. Tacada.

El término, pues, hace referencia en sus usos de origen europeo a cuerpos más o menos cónicos, alargados, de hierro, madera, trapo y otros materiales sintéticos útiles para afianzar o para tapar algo (Chile, Salvador y Nicaragua). Tenemos bajo este concepto el conjunto que va del estilizado tacón de los zapatos para verse más alto y a la moda, tanto como el carácter deportivo de los tacos del calzado para jugar futbol (originalmente, de acuerdo con el Diccionario de uso del español de la gran María Moliner, usado en Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Puerto Rico y República Dominicana) y hasta los palos de jugar billar, baquetas, palos en general, clavijas y tapones. 

Otro grupo semántico deriva de esta palabra por dos cualidades distintas, me refiero al uso que en España y algunos países sudamericanos hacen de la expresión soltar/ dar tacos, que equivale a decir que se dicen groserías. Y aquí es donde se cristaliza su relación con las lenguas germánicas, donde la palabra tac, taco o tak se asocia con el eructo. Pensándolo como algo desagradable, algo que debería ocultarse o reprimirse, que además es involuntario —que le añade el carácter de primitivo— y que sale por la boca, parece claro su tránsito hacia la expresión soltar/ dar tacos.

Siguiendo esta interpretación, soltar tacos naturalmente deviene figura de agresión. Yo me atrevería a jugar con la imagen violenta de un ataque oral, verbal, puesto que el taco como herramienta alargada permite atacar de lejos. El juego es doble: un objeto útil es transformado en arma que no deja de ser salvaje pese a formar parte del sistema de la lengua y se equipara al acto primitivo de regoldar, de usar la vía oral sin ser civilizado. 

Otro de los múltiples significados de la palabra taco se aproxima a legajo (“tiene un taco así de grueso de oficios sin firmar”) y en otro a años: “este señor cumplió 56 tacos”, como si se tratara de un equivalente de conjunto o de una unidad de medida. 

Esto me remite a la etimología de la palabra mesa, que se refiere a algo mensurable, con límites, y a derivados como menso, mensa, insultos que enfatizan la posibilidad de medir una inteligencia estrecha, de fines abarcables. Es pertinente ahora porque tras revisar varias acepciones, el Diccionario de la Real Academia Española, que limpia, fija y da esplendor, introduce una según la cual taco también es parámetro de la inteligencia (en este punto, trasluce un concepto casi tan flexible como el término madre, con lo cual advierto la imposibilidad de extenderme en este juego sin fin) puesto que anota: “coloq., Bol. y Ven. Persona muy competente, experta o hábil en alguna materia”. Mientras que taco es una forma de llamar a una persona regordeta y de baja estatura, físicamente mensurable, en Chile según el Wikcionario, que ya Corominas anota en su Diccionario etimológico abreviado y cuyo uso registra por el siglo XIX

La elasticidad del término es de alcances disparatados, ajenos incluso. No obstante, me parece que la forma elemental del taco, así en general, es la de un dispositivo que facilita unir, afianzar y atacar algo gracias a su forma de asidero. Desafortunadamente estoy segura de haber leído azarosamente, en algún diccionario de la Biblioteca Rubén Bonifaz Nuño hace varios lustros, que la palabra taco designaba un bocadillo simple en la España medieval, aun antes de la conquista, pero no he localizado otras referencias al respecto, de modo que estas palabras sólo pueden tener carácter de recuerdo sin fundamento y de divagación. Al menos, María Moliner agregó entre otras definiciones de taco en su diccionario, al igual que varios foros en la red y el DRAE: «churro, alimento que heredamos de China; refrigerio, un aperitivo que se ingiere entre comidas; los trozos en que se dividen algunos alimentos».

Por esta vía, es posible regresar al concepto culinario que adquiere en México, donde gracias a la sencillez de sus elementos se recrea una y otra vez la estructura esencial del taco: preparado (carnes, guisos, verduras, quesos, frutas, sal) y complementos (salsas, condimentos, jugos, aderezos) contenidos en una tortilla enrollada. La tortilla, fundamento de la gastronomía mexicana, permite llevar el alimento a la boca asido en la mano. Son éstas las funciones del taco: contener y sostener en su forma flexible sin necesidad de un plato ni de un cubierto. 

Tal como entre los egipcios y después los sefarditas, posteriormente los pueblos del Mediterráneo, las masas y harinas hechas a base de cereales locales, han provisto de cubertería o vajillas comestibles, por generalizar de una forma simple. Sin embargo, el taco hecho con tortilla de maíz es parte de una identidad inconfundible de México. Los intercambios culturales en el mundo han permitido que los tacos se consuman en todas partes y que se hayan nutrido de platillos extranjeros, como el caso de los tacos árabes y sus herederos, los tacos al pastor, esto como resultado de la llegada a nuestro país de diversas comunidades de refugiados de Medio Oriente a finales del siglo XIX y principios del XX. Estos intercambios, por supuesto, son precedidos por el primer gran encuentro entre los pueblos europeos y las naciones originarias de Mesoamérica en el siglo XVI. El chorizo se popularizó en ese periodo en España de donde llegó a nuestras tierras en las barcas de los colonizadores, lo cual nos lleva a la variedad de este embutido que me parece tan propia del Valle de Toluca en el Estado de México.

En un compendio de artículos titulado Volteando la tortilla. Género y maíz en la alimentación actual de México (UAEMex, Juan Pablos Editor, 2018), se dedica un capítulo al heteropatriarcado en las taquerías de chorizo del Valle de Toluca. Los investigadores Mario Fernández-Zarza, Ignacio López-Moreno y Olivia Tena Guerrero se dieron a la tarea de analizar las dinámicas de trabajo de una muestra de taqueros de la región, un estudio muy específico basado en entrevistas y encuestas a 39 empleados de un total de 13 taquerías. En sus observaciones, encontraron que los tacos, pese a estar históricamente ligados a la cotidianidad femenina al ser la alimentación responsabilidad de las madres también entre nuestros ancestros, se convierten en un vehículo de poder masculino en las taquerías.

El proceso por el cual el taco empodera al taquero hombre o, en dos casos señalados por los investigadores, a las mujeres masculinas (por reproducir arquetipos de dominio patriarcal), empieza cuando el hombre descubre la simpleza de la preparación de este bocadillo para obtener dinero rápido. Mientras que la mujer permanece en un oculto segundo plano picando cebollas, cilantro, limones, preparando las salsas del embutido y las salsas de los tacos y, sobre todo, preparando las tortillas, el hombre administra el negocio, se desempeña con destreza en la carga y corte de las carnes y otros insumos además de preparar a la vista de los consumidores el delicioso taco. 

Estas pocas acepciones de la palabra taco, tratando de trazar caminos entre su historia, países, lenguas, economía y política, nos dejan todavía brecha cuando uno descubre que también se utiliza como sinónimo de lío o confusión, hacerse taco, de acuerdo con las fuentes citadas en este divertimento. Pesa en México el carácter gastronómico. Las implicaciones de un alimento de nombre polisémico, cuyo alcance incluso toca la agricultura y la discusión acerca de los transgénicos a través de sus insumos, tendrán que esperar a la observación que los especialistas aporten y den su propia mordida al delicioso taco. Que este juego ayude a comprender cómo es que la lengua vive y desborda la vida.




#Cervantes2018, el Quijote viral

¿Cuántas novelas habrán alcanzado en la historia el grado de excepcionalidad y la característica de universalidad que tiene El Quijote?

El 1 de junio de 2018 comenzará el movimiento tuiteraio #Cervantes2018, que intentará crear un espacio virtual para la reflexión en Twitter sobre El Quijote de la Mancha.

 

Fernando Cruz Quintana

¿Tras terminar de escribir su obra cumbre, Miguel de Cervantes habrá vislumbrado el éxito que su El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha tendría en todo el mundo? No sólo en el ámbito de la lengua castellana ni en los años posteriores a su publicación se ha enaltecido la importancia literaria de esta novela. Las valoraciones positivas en torno a ella han sido un eco constante que a lo largo del mundo y del tiempo reafirman que se trata de una genialidad del espíritu humano. Ese impulso de celebración está a unos días de continuarse vía redes sociales, con lo que El Quijote habrá dado un salto abismal hacia el futuro (nuestro presente), representado por las tecnologías digitales y las redes sociales. A punto de dar este brinco, resulta enternecedor saber un poco de las vicisitudes que esta obra tuvo que atravesar en sus primeros viajes por el mundo.

En su Maravillosa Historia del español (2015), Francisco Moreno Fernández relata las peripecias que probablemente sufrieron los primeros ejemplares de El Quijote tras su llegada a América. Provenientes de Alcalá de Henares, en 1605 el librero Juan de Sarriá (padre) trasladó —en burro— hasta el puerto de Sevilla 61 cajas de libros, entre las que se contenían alrededor de 70 ejemplares del Quijote. De ahí partirían en una embarcación bautizada como “Nuestra Señora del Rosario” a Portobelo, Panamá, con una escala en Cartagena de Indias.

¿Tras terminar de escribir su obra cumbre, Miguel de Cervantes habrá vislumbrado el éxito que su El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha tendría en todo el mundo?

Visto con la ventaja temporal del presente, conmueve conocer cuál fue la empresa del traslado físico de libros de un continente a otro. Pero si el viaje transoceánico resultaba en sí mismo una audacia, el derrotero de los primeros Quijote en América no fue menor. De este lado del mundo, Juan de Sarriá (hijo) movió —en mulas—las 61 cajas a lo largo de la costa pacífica de Panamá. Este trayecto, relata Moreno Fernández (y coincide con el hispanista estadounidense Irving Albert Leonard), no fue en ningún momento sencillo y provocó que muchas de las obras se mojaran y estropearan. Afortunadamente, de esas pérdidas sólo una correspondía a la famosa obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Poco podrían prever los Sarriá sobre el futuro del Quijote cuando lo transportaron con los medios de la época en aquel viaje transatlántico y a lo largo de un buen tramo de América. El trato que estos libreros dieron a la obra probablemente era el mismo que hubieran tenido para cualquier otra de la época. De igual manera que con su traslado físico, llevó tiempo para que la novela se afianzara en el lugar de privilegio que ostenta. Como todo trabajo visionario, la incomprensión, el rechazo a lo novedoso, o la multiplicidad de temas contenidos en él probablemente retrasaron su consolidación.

Hoy en día, lo hayamos o no leído, probablemente tengamos conocimiento de alguno de los pasajes, personajes o trama de El Quijote, o cualesquiera otra circunstancia a su alrededor. Desde las opiniones más sesudas e informadas, hasta los comentarios inmersos en el desconocimiento y la incomprensión tienen algo que decir al respecto (baste como muestra este texto que discurre y no profundiza en el tema).

La crítica, el análisis y la opinología en torno al Quijote tendrá en 2018 un nuevo capítulo: la novela cervantina alcanzará el ámbito de la virtualidad y —muy probablemente— la viralidad cuando a partir del 1º de junio en Twitter se comience a utilizar el hashtag #Cervantes2018. La propuesta pertenece al escritor y docente Pablo Maurette, quien antes ha realizado este tipo de movimientos “tuiterarios”. En enero de este mismo año se utilizó el hashtag #Dante2018 durante 100 días, en cada uno de ellos se comentó o se compartió cualquier información referente a cada uno de los 100 cantos que componen La divina comedia.

Criticada por los puristas de la formalidad y la defensa del aura de solemne que en ocasiones recubre al fenómeno literario, la propuesta podrá parecer banal y un ejercicio que no trasciende a la curiosidad. En otro extremo, esta iniciativa se presentará como completamente innovadora y revolucionaria. En un tono más mesurado, pero que alienta la participación, en Lengua Viva queremos ser partícipes de la reflexión viral que en tan solo unos días acontecerá en torno al Quijote.

La propuesta #Cervantes2018 pertenece al escritor y docente Pablo Maurette, quien antes ha realizado este tipo de movimientos “tuiterarios”.

En pleno nuevo milenio, la reflexión en torno al Quijote se adecuará al lenguaje sencillo y directo de 280 caracteres. La participación propuesta por Pablo Maurette indica que debemos utilizar el hashtag #Cervantes2018 y comentar sobre cada uno de los capítulos del Quijote, uno por día, empezando desde el 1º de junio de este año. Esa es la cita y la directriz; ampliemos la participación de este movimiento tuiterario y juzguemos posteriormente su existencia. A más de 400 años de haber emprendido su viaje hacia el continente Americano, el Quijote regresará a todo el mundo por los caminos de la informática y los movimientos virales de las redes sociales.

 

 




Expresiones numéricas en el español, 2a parte

Expresiones numéricas en el español, 2ª parte

 

En la primera parte de este artículo se explican algunas expresiones numéricas muy famosas en el español

Las expresiones numéricas son aquellas que explican una realidad a partir de la relación con cantidades 

 

Luis Ángel Rodríguez

 

En junio de 2017, el periodista mexicano Ignacio Lozano, en un programa de televisión,[1] reflexionó y criticó diversos problemas sociales, políticos y culturales. Entre los temas que describe está la falsedad en el conteo de votos en las elecciones (un funcionario salta, sin miramientos, del 59 al 69 a favor de cierto partido).

A partir de este aparente error habló sobre el interés particular de los mexicanos por esconder mensajes dentro de los números o, dicho de otra manera, explicarse el mundo por medio de cantidades expresadas con palabras.

«Se ha mencionado el papel del doble sentido en los albures; estos, tienen una carga eminentemente sexual y buscan derrotar al contrario»

En anteriores entradas, se ha mencionado el papel del doble sentido en los albures;[2] estos, tienen una carga eminentemente sexual y buscan derrotar al contrario. En este caso se trata simplemente de agregar una visión de las cosas por medio del conteo.

Este artículo es continuación de un glosario sobre frases donde quede descrita claramente la relación expresada anteriormente.[3]

¡Lengua Viva! presenta la segunda parte de una compilación con las expresiones numéricas populares. Cada una viene acompañada de su significado y un ejemplo. Vale la pena aclarar que muchas únicamente se usan en ciertas regiones, por lo que un hispanohablante que jamás ha estado en contacto con ellas y las escucha por primera vez, podría pensar que le están hablando en algún código secreto.

«Se te acabó el veinte»

Me quedé de a seis. Esta frase indica que una persona que presenció algún evento quedó petrificada o estupefacta: “Me quedé de a seis cuando la vi caminando con ese vestido”.

Se te acabó el veinte. En este caso, el número se relaciona con monedas, o billetes, de 20 pesos que representaban una pequeña fortuna. Además, el valor de los objetos se definía en función de esa denominación. “Ya llegamos, señor, se le acabó el veinte”.

«Te estoy dieciocho y no me haces catorce»

Te estoy dieciocho y no me haces catorce. Esta oración se define por su sonido pues en realidad, su traducción, debería ser “te estoy diciendo y no me haces caso”. Fonéticamente el parecido entre dieciocho/diciendo y catorce/caso marca este caso: “-Mi novia me dejó…otra vez –Te estoy dieciocho y no me haces catorce”.

Me la pasé de diez. Esta frase puede explicarse por la relación, en el mundo occidental, de este número con la perfección. “Me la pasé de diez en las vacaciones”.

La tercera es la vencida. Frase que tiene relación con las luchas. Podría parecer que es exclusivo de los mexicanos y su afición por esta disciplina; sin embargo, se encuentra ya en La Celestina en 1499: “A tres me parece que va la vencida” (XIX, 3). Se explica porque en relación con el deporte, las personas tienen tres intentos para hacer las cosas bien.

En este repaso, existen dos reflexiones finales; en primer lugar, este glosario no es definitivo y en segundo, las voces o frases se enriquecen con las aportaciones de otros países, hispanohablantes o no. El periodista acertó: nuestra visión de mundo sería limitada sin el poder los números y el sentido figurado; y es casi poesía.

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=BMdqEslrOMI&index=210&list=PLYnzMSw5fD7TRnNJAtUZM_2FisR9cgTtJ

[2] http://lalenguaviva.com/clavel-la-rosa-usted-escoja-notas-albur/

[3] http://lalenguaviva.com/expresiones-numericas-espanol-1a-parte/




Tres actores y un músico en la RAE

 

Jorge Drexler interpretó en la RAE «Que el soneto nos tome por sorpresa» durante la presentación del último tomo de la Nueva Gramática de la Lengua Española.

No es frecuente, aunque tampoco es anormal, que cuatro artistas se reúnan en la RAE para celebrar la grandeza de la lengua española.

 

Fernando Cruz Quintana

El 20 de diciembre de 2011 se presentó en la Real Academia Española el último volumen de la Nueva Gramática de la Lengua Española. Este tercer tomo está dedicado a la fonología y fonética de nuestro idioma; por tal motivo, aquel día la institución decidió hacer una especie de homenaje a los sonidos del español, e invitó a los actores José Luis Gómez, Marisa Paredes y Vladimir Cruz, y al músico Jorge Drexler, a que leyeran algunos poemas e interpretaran una canción durante el evento.

En el imaginario de la mayoría de los hispanohablantes, la RAE puede presentarse más como un sitio ideal que como un recinto real (estoy seguro de que la mayoría de nosotros, los que hablamos español, jamás hemos puesto un pie en ella). Supongo que nuestra construcción mental está directamente influenciada por los profesores que nos hacían entender que la norma de la correcta expresión, hablada y escrita, era dictada en este sitio. De este modo, en nuestra ideación la Real Academia es un sitio solemne y culto en donde la perfección y la corrección son la norma. Lo anterior puede inferirse con algunas actitudes que utilizamos para cerrar cualquier discusión lingüística: “Así dice en la RAE”.

Pese a su autoridad como el organismo que intenta regular lo caótico y complejo (como las múltiples diferencias de acentos, palabras y sentidos que existen en el español de todo el mundo, en el universo del español), la RAE debe ser consciente de que es realmente en el uso diario y no a través de un mandato como se transforma una lengua. Con esto no estoy afirmando la ineficacia de una institución vetusta, ni mucho menos estoy invitando a incendiarla; necesitamos que exista la RAE, pero al mismo tiempo ella necesita de nosotros, los hablantes del idioma, que permitimos que el español siga existiendo.

¿Por qué no reconocer que, a veces, la lengua es un fin en sí misma y no un medio?

Si bien la presentación de la Nueva Gramática de la Lengua Española estuvo rodeada del aire de solemnidad que suele acompañar a la publicación de un reglamento, las autoridades tuvieron el acierto de incluir la lectura de poesía y la interpretación de una canción ese día. Estos actos, banales en apariencia, pueden leerse como situaciones simbólicas que nos hacen recordar que si bien la lengua cuenta con cualidades funcionales, estas pueden suspenderse o acompañarse también de otras placenteras. ¿Por qué no reconocer que, a veces, la lengua es un fin en sí misma y no un medio?

El actor español José Luis Gómez dio lectura a uno de los poemas más famosos de la lengua española: “Amor constante más allá de la muerte” de Francisco Quevedo. Este hermoso soneto, escrito hace más de cuatrocientos años, podría resumir la esencia de la humanidad —¿y por qué no de una lengua?—: podré morir, desaparecer físicamente, pero algo de mí perdurará. Qué mejor vehículo para viajar por el tiempo que la palabra escrita. El poema de Quevedo leído aquel 20 de diciembre de 2011 reactivó la voz de un autor desaparecido hace cientos de años.

La actriz española Marisa Paredes prestó su voz para evocar al poeta nicaragüense Rubén Darío; el poema: “Lo fatal”. En esta pieza lírica, la preocupación de Darío muestra un sentimiento universal de inquietud ante lo desconocido. El milagro verbal ocurre cuando, por medio de palabras, somos testigos de las incógnitas sobre los enigmas de la vida (interrogantes que se hizo el poeta y que son también nuestras en los momentos en los que el lenguaje no es suficiente para responder lo que queremos saber). ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Qué hacemos en la Tierra? ¿Hacia dónde vamos? Preguntas existenciales todas que son planteadas de manera magistral en este brevísimo —pero enorme— texto.

El primer representante del español de América en el evento, el actor cubano Vladimir Cruz, tuvo el orgullo de dar lectura a dos poemas de su compatriota Nicolás Guillén: “Si tú supiera…” y “Mulata”. Con este último, la RAE no sólo homenajeó el particular estilo de Guillén, sino que reconoció la importancia de las antiguas colonias, ahora naciones independientes, en la conformación de la lengua española.

Finalmente, el turno del cantaautor uruguayo Jorge Drexler fue doble: él leyó “Arte poética” de Jorge Luis Borges, e interpretó “Que el soneto nos tome por sorpresa”, una canción de su autoría que aparece en la película Lope (inspirada en la vida del dramaturgo y poeta Lope de Vega). Dicho sea de paso, la construcción de la letra de esta pieza musical resulta en un verdadero soneto, con la métrica y estructura que este tipo de composición exige: dos cuartetos y dos tercetos de endecasílabos. Nada de esta adecuación desmerece en el sentido figurado que expresa la canción.

Todas estas participaciones artísticas podrán verse como más actos solemnes en medio de un lugar en donde la pose y el cultismo son acciones cotidianas.

Todas estas participaciones artísticas podrán verse como más actos solemnes en medio de un lugar en donde la pose y el cultismo son acciones cotidianas, sin embargo, a mí me gusta pensarlas como simples —y pequeñísimas— celebraciones de la belleza de un idioma. Al ver esto puedo olvidar por un momento la tarea normativa de la RAE, que, como he dicho, creo que es necesaria aunque imperfecta. Muchas preguntas me vienen a la cabeza cuando pienso en esta ambigüedad: ¿cuántos términos se habrán inaugurado en sus normas y cuántos se habrán extinguido por decreto?, ¿cuántas palabras nuevas jamás se habrán pronunciado ahí dentro?, ¿cómo acotar algo que se antoja más próximo al infinito que a cualquier medición?, ¿cuál es mi castigo por utilizar una sintaxis de niño y una ortografía equivocada?, ¿qué pena les corresponde a los que consciente o inconscientemente rompemos con el lenguaje?