A la palabra no le hace falta música

Somos lengua es la segunda película del escritor y cineasta Kyzza Terrazas

Una película documental retrata distintas caras del rap mexicano, y en todas ellas se muestra sin ambages el poder de las palabras.

Thania Aguilar

Una pluma, un papel y unos pulmones que resistan el madrazo de ideas. Porque a diferencia de otros géneros, el rap se debe por completo a la palabra. Sí, los beats y las mezclas son básicos para marcar el ritmo. Pero si para otros son indispensables las horas de práctica, el equipo o la inversión económica —nadie nace sabiendo cómo demonios se toca el chelo—, para rapear “sólo hace falta tener una laringe”.

Lo decían Foster Wallace y Mark Costello en un famoso ensayo acerca de la escena del hip hop de los noventa en Boston, pero es algo que también Kyzza Terrazas  hace evidente a través de los más de cincuenta testimonios de raperos de distintas partes de la República mexicana en Somos lengua, documental de 2016 que fue nominado al Ariel en la categoría de “Mejor largometraje documental” ese mismo año. En una empresa que arrancó en 2012, el director rescata, de Ecatepec a Torreón, de Gómez Palacio a la Ciudad de México, distintas voces que forman parte de un mapa incompleto, pero genuino y representativo, de lo que sucede con la escena del hip hop en el país.

Así, somos testigos de las batallas de gallos más concurridas e importantes del norte, de los conciertos masivos de raperos que se desbordaron de fama gracias a MySpace, de reuniones cuyo único objetivo es tirar rimas con los hommies. Escuchamos lo que para cada uno de los MC a cuadro significa las competencias, la vida en chinga, la violencia, la rima y el flow, lo que significa una hoja en blanco y una cabeza atestada de hostilidades cotidianas. 

Más que proponer una narrativa, Somos lengua construye una propuesta coral de quienes han sido golpeados por la violencia de una guerra contra el narcotráfico de secuelas lentas y encuentran en el hip hop una forma de entenderse, entender y recuperar el mundo para sí mismos. Y aún con ello, Terrazas ha comentado en distintas entrevistas que no es sólo un pretexto para hablar de la realidad del país o un momento histórico, sino que la intención era hablar del poder que tiene la palabra en la vida y su importancia.

El de Kyzza —asesorado por Feli Dávalos, una de las voces expertas del género en México— más que un ojo que busca registrar un momento, es un ojo que ensaya. Una mirada que pone en el foco a la oralidad. A la palabra cruda, que dispara y escupe y, en ese proceso, se adueña de un discurso que resuena y reflexiona en torno a sí: “Vivo en un lugar no muy distinto al tuyo, que me llena de vergüenza tanto como de orgullo. Donde tu vida peligra a cada segundo, otro rincón olvidado del mundo”, leerá el rapero Aczino en una de las primeras versiones del que sería el sexto track, “Bienvenido a mi barrio”, de su disco Inspiración divina.

Y es una condición curiosa la del rap en el hip hop. Porque la del hip hop es la palabra austera, llana. La que se arranca de las calles, las pandillas y la violencia para posicionarse en el mundo. La que admite y sabe que, más que cualquier otra cosa, estamos hechos de habla y lenguaje. 

Somos lengua

Dir. Kyzza Terrazas

México: Viento del Norte Cine, Bambú Audiovisual, Cacerola Films, MrWoo y TV UNAM, 2016