Posted by on 13 agosto, 2020

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El Gran Hermano, personaje omnipresente de 1984, que todo lo sabe y todo lo vigila.

No existe mayor muestra de control y dominio, que aquella en donde se limita tu propio pensamiento. Algo de esto tiene la Neolengua, idioma ficcional de 1984, con el que se anulan las ideas de los individuos.

Ivonne Pánico Bressant y Fernando Cruz Quintana

Muchos de los clásicos en la literatura pueden presumir de contar con una fama que se extiende incluso más allá de sus propios lectores. Creemos que es el caso de 1984, obra que ha influido a diversas generaciones en todo el mundo, incluso a aquellas que nunca la han leído. La fascinación que despierta la novela de George Orwell ha alcanzado por igual a los fanáticos de la ciencia ficción, los tecnofóbicos y los tecnofílicos, los amantes de las novelas de suspenso, los pesimistas, los apasionados de la política y cualesquiera otro grupo de personas que se interese por alguna de las múltiples temáticas y formas que se encuentran en esta novela. Uno de esos muchos aspectos es el tema lingüístico a partir de la consideración de la lengua (la Neolengua) que hablan los habitantes de Oceanía, uno de los tres superestados de este universo ficcional.

1984 fue escrito 36 años antes al que hace referencia su propio nombre (1948). Mucho se ha dicho sobre cómo la trama resultó en una crítica a los regímenes totalitarios instaurados en el mundo de mediados del siglo XX y lo hizo a través de una historia que mostraba un futuro pesimista, aunque ficticio, para Inglaterra y para cualquier país que sucumbiera ante el control absoluto de un Estado opresor. 

La novela transcurre en una supuesta Londres, provincia de Oceanía, en donde la forma de vida la controla el Partido a través de la vigilancia excesiva, modificación del relato histórico, análisis de signos corporales, persecución política, etcétera. El gobierno está liderado por el Gran Hermano, un personaje omnipresente que controla a través de las telepantallas (dispositivos multitarea que bien sirven para entretener que para controlar). La presencia de temor y respeto que significa el Gran Hermano y que recuerda en todo momento los ideales del Partido, se complementa con la función de la Policía del Pensamiento. Esta institución vigila y castiga a quienes demuestren comportamientos o pensamientos heterodoxos contra la ideología implantada. Además de estas dos instancias, la creación de una nueva lengua o Neolengua contribuye a eternizar el régimen autoritario en el que vive Oceanía, esta forma de control tiene implicación directa en el pensamiento y sobre esto queremos hablar.

La Neolengua es el lenguaje oficial de Oceanía, una forma extremadamente simplificada del inglés que contrae y reduce las palabras, de forma tal, que hace caducar algunos conceptos. La tesis es sencilla pero escalofriante: si el lenguaje es la base del pensamiento, la mejor idea para controlar a una sociedad es eliminando algunas palabras con las que estructuran sus ideas. ¿Cuáles? Aquellas que atenten contra el Partido y su gobierno. El objetivo, en última instancia, es que la Neolengua pudiera dominar el juicio de la sociedad y hacer imposibles formas de pensamiento diferentes a los principios del Socing (contracción de socialismo inglés y al mismo tiempo nombre del Partido). 

Como sucede con cualquier idioma, la Neolengua cuenta con su propio diccionario, el cual fue editado múltiples veces para reducir su capacidad expresiva . Con ello desaparecería por completo la vieja manera de hablar y, a su vez, cualquier pensamiento anterior al Socing se convertiría en un absurdo. 

En la obra se demuestra que el propósito de la nueva lengua era proporcionar un medio de expresión acorde con el Socing. La intención última era que, con la absoluta adopción de la nueva lengua y el consecuente olvido de la vieja lengua, también se olvidara cualquier idea alejada a los principios del Partido.

De esta manera, con la modificación del habitual modo de hablar, todas las ambigüedades y los matices de significado quedaban eliminadas. Los conceptos de igualdad y libertad seguían existiendo, pero ya eran impensables (literalmente hablando) en un contexto político o intelectual, sólo se admitía una acepción: «libertad únicamente podría referirse a atributos de una cosa como: este perro está libre de piojos», o «este prado está libre de malas hierbas»; y con “igualdad”, cuenta la novela, «podría formarse la frase —todos los hombres son iguales—, pero solo en el mismo sentido podría decirse en vieja lengua —todos los hombres son pelirrojos—. No contenía errores gramaticales, pero expresaba una verdad impalpable». 

Bajo este esquema de extinción lingüística, la palabra “opinión fue una de las primeras en ser eliminada; su significado suponía un juicio o valoración respecto de algo (un pensamiento libre). Igualmente, la palabra “soberanía” existía con sus acepciones mutiladas: ya no era empleada para referir al poder que tiene el pueblo de una Nación para tomar decisiones democráticas, sino sólo para ratificar el poder que es ejercido por un ser supremo lejano y separado de la sociedad. En este mundo ficcional, los significados de la palabra “derecho” han desaparecido casi en su totalidad, salvo en los casos en que se hace referencia a una dirección recta, pero jamás pueden pensarse en un derecho entendido como aquella facultad del ser humano para hacer valer legítimamente algo. Ni mucho menos puede imaginarse el vocablo “derecho” como sistema de principios y normas expresivos de una idea de justicia y de orden, que regula las relaciones humanas en toda sociedad; concepto que es bastante amplio.

Tampoco puede hablarse de “derecha” como ideología política que profesan las personas con ideas conservadoras, porque si existen ideas de esta naturaleza, habría también ideas liberales. El Socing no da cabida a ideas liberales o conservadoras pues este tipo de reflexiones constituye lo que en 1984 se conoce como “crimental”: un delito de pensamiento que consiste en concebir cualquier idea opuesta al bien del Partido.

La adopción de la Neolengua hace que aunque se traduzcan las palabras a la viejalengua su significado sea ya inconcebible. Podemos pensarlo de esta manera: la palabra “internet” tiene muchos sentidos asociados para alguien en pleno 2020, sobre todo en materia de comunicación, pero sería un vocablo vacío para un individuo del siglo XIX en donde el mejor tipo de comunicación a distancia era el telégrafo.

El control mediante la Neolengua era la apuesta máxima del Partido: aquello que no se puede decir porque no existen palabras para expresarlo tampoco se podrá pensar. Este es el tema central en las discusiones sobre el  “lenguaje incluyente”: al incorporar al idioma expresiones más amplias como “todos y todas”, o como “ciudadanía” y “profesorado” en lugar de ciudadanos y profesores, se busca visibilizar a las mujeres y sacarlas del anonimato genérico. 

En suma, la instauración de la Neolengua resulta paradójica: aunque se presuma“nueva”, pretende regresar el pensamiento a un tiempo anterior, en el que el lenguaje se muestre limitado y no permita una expresión con amplitud. Esto, sin duda,  en detrimento del desarrollo humano. 

Este clásico de la literatura, además de ser una de las obras más representativas e influyentes acerca de sociedades distópicas, contiene también una lección sobre la importancia del lenguaje y sobre cómo una vida mejor principia en nuestra manera de nombrar al mundo y la existencia. La lengua, no existe ninguna duda de ello, es el principio de nuestra libertad.

1984.

George Orwell.

Inglaterra. 1948

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